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Año 12 #139 Mayo 2026

Preocupaciones de un padre de familia

Algunos dicen que la palabra «odradek» precede del esloveno, y sobre esta base tratan de establecer su etimología. Otros, en cambio, creen que es de origen alemán, con alguna influencia del esloveno. Pero la incertidumbre de ambos supuestos despierta la sospecha de que ninguno de los dos sea correcto, sobre todo porque no ayudan a determinar el sentido de esa palabra.

Como es lógico, nadie se preocuparía por semejante investigación si no fuera porque existe realmente un ser llamado Odradek. A primera vista tiene el aspecto de un carrete de hilo en forma de estrella plana. Parece cubierto de hilo, pero más bien se trata de pedazos de hilo, de los tipos y colores más diversos, anudados o apelmazados entre sí. Pero no es únicamente un carrete de hilo, pues de su centro emerge un pequeño palito, al que está fijado otro, en ángulo recto. Con ayuda de este último, por un lado, y con una especie de prolongación que tiene uno de los radios, por el otro, el conjunto puede sostenerse como sobre dos patas.

Uno siente la tentación de creer que esta criatura tuvo, tiempo atrás, una figura más razonable y que ahora está rota. Pero éste no parece ser el caso; al menos, no encuentro ningún indicio de ello; en ninguna parte se ven huellas de añadidos o de puntas de rotura que pudieran darnos una pista en ese sentido; aunque el conjunto es absurdo, parece completo en sí. Y no es posible dar más detalles, porque Odradek es muy movedizo y no se deja atrapar.

Habita alternativamente bajo la techumbre, en escalera, en los pasillos y en el zaguán. A veces no se deja ver durante varios meses, como si se hubiese ido a otras casas, pero siempre vuelve a la nuestra. A veces, cuando uno sale por la puerta y lo descubre arrimado a la baranda, al pie de la escalera, entran ganas de hablar con él. No se le hacen preguntas difíciles, desde luego, porque, como es tan pequeño, uno lo trata como si fuera un niño.

—¿Cómo te llamas? —le pregunto.

—Odradek —me contesta.

—¿Y dónde vives?

—Domicilio indeterminado —dice y se ríe.

Es una risa como la que se podría producir si no se tuvieran pulmones. Suena como el crujido de hojas secas, y con ella suele concluir la conversación. A veces ni siquiera contesta y permanece tan callado como la madera de la que parece hecho.

En vano me pregunto qué será de él. ¿Acaso puede morir? Todo lo que muere debe haber tenido alguna razón de ser, alguna clase de actividad que lo ha desgastado. Y éste no es el caso de Odradek. ¿Acaso rodará algún día por la escalera, arrastrando unos hilos ante los pies de mis hijos y de los hijos de mis hijos? No parece que haga mal a nadie; pero casi me resulta dolorosa la idea de que me pueda sobrevivir.

  • Franz Kafka
    Kafka, Franz

    Franz Kafka (Praga, 1883-Kierling, Austria, 1924) es, sin duda, uno de los escritores capitales del siglo XX. Judío  de clase media nacido en Praga, que por entonces integraba el Imperio Austrohúngaro, el carácter autoritario de su padre influyó en su compleja personalidad.

    Fue bachiller (1901) y doctor en Leyes (Praga, 1906). Trabajó en una compañía de seguros, “solo por dinero”, y comenzó a escribir. Hablaba alemán, checo por vía paterna y francés. Admiraba a Flaubert y leyó a Nietzsche.

    La tuberculosis declarada en 1917 lo obligó a frecuentes convalecencias. Recibió apoyo de su familia, en especial su hermana Ottla. Vinculado sentimentalmente a Milena Jesenskà (1920), se aparta de su familia trasladándose a Berlín (1923). Ese año conoce a Dora Diamant y se convierte en su compañera.

    Fue un escritor atormentado. Sus cuadernos mencionan “demonios, desamparo y soledad” y otros términos que refieren un mundo oscuro. Se quejaba de insomnios y jaquecas. En vida solo publicó relatos cortos de escasa trascendencia.

    Después de su muerte, Max Brod, amigo y albacea, desoyendo su expreso pedido de destruir los escritos, se ocupó de su publicación. Dora Diamant guardó secretamente 20 cuadernos y 35 cartas confiscados en 1933 por la Gestapo. Aún hoy se buscan trabajos extraviados u ocultos.

    En su obra, los personajes se mueven consternados frente a un mundo de compleja estructura y códigos ininteligibles, significado que hoy tiene el calificativo “kafkiano”. La contra-crítica (Gilles Deleuze, Féliz Guattari) desestima los móviles de la angustia y la soledad, arriesgando una deliberada subversión. Kundera alude a su “humor”.

    Sobre los rótulos académicos (modernismo, realismo mágico, etc.), se alzan la desesperación y el absurdo, emblemas del existencialismo. La sátira de En la colonia penitenciaria (1914), El proceso (1925) y El castillo (1922), ha sido vinculada al marxismo y al anarquismo. Otros la miran bajo el prisma judaico y aún freudiano.

    Otras obras: Un médico rural (1909), La ondena (1912), América (1912), Contemplación (1913), La metamorfosis (1915), Una mujercita (1923), Un artista del hambre (1924), y muchos otros relatos reunidos The Complete Stories. Nueva York: Schocken Books, 1971.

    Murió en Viena el 3 de junio de 1924 durante una internación en un sanatorio de Praga. Sus restos descansan en el Nuevo Cementerio Judío de Praga-Zizkov.

     

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