La chunga Rosella
Era la jefa. Lo supo la noche que le clavó la nueve milímetros en la frente al peruano y le disparó sin asco. Cuando miró a sus sicarios, todos bajaron la cabeza. «Ahora manda la concha de la Chunga», gritó y descargó el arma con tiros al aire. En la villa comenzaba una nueva etapa, otra historia, un tiempo más caliente.
La Chunga Rosella tenía desde pendeja las cartas marcadas. A los diez años la violó su padrino porque la quería demasiado. Ella recuerda que, mientras la sometía, clamaba: «¡Qué linda la Chunga, qué linda!».
A los trece años quedó embarazada de un raterito portador de HIV. De ese encuentro amoroso, nació Claudio. A los veinte, se juntó con el dueño del mercadito de la villa y salvó su honor gracias a la venta de la falopa que le tiraba el peruano. Pero el bolichero, un día se cansó y la echó de la verdulería. Después de quince años, dos hijos y un aborto, la Chunga empezaba de nuevo.
En el penal de Ezeiza conoció a Brenda y se enamoró. Se juraron que cuando salieran nunca se separarían. Pasaron seis años y las dos regresaron a la villa. Ahora manejan el comedor comunitario que era el tapadero del negocio de la droga. La pareja se había ganado la confianza de las familias, que por necesidad comían, por las noches, un plato de arroz con carne de cuises. Todos sabían que la Chunga iba siempre calzada con una escopeta recortada y que Brenda llevaba en la cintura una Glock que mostraba sin ningún problema.
—¿Dónde mierda está Carina? —preguntó caliente la Chunga.
—La empalaron los muchachos del peruano, la partusearon y la tiraron en el zanjón de la colectora —respondió incólume Brenda.
—¡Hijos de puta, los voy a desangrar como a los chanchos! Escuchá, Brenda, al peruano lo voy a cuetear, le queda poco… le queda poco.
La Chunga Rosella mantenía la llegada con la Bonaerense. El negocio siempre cerraba con los muchachos y nadie protestaba. Mientras la gilada disfrutara de un plato de comida, los pendejos tuvieran asegurado el merendero, y los soldaditos trabajaran tranquilos, la villa sería un ejemplo social que ni los curas villeros podrían arreglar. La cosa se pudrió cuando vinieron los del canal de noticias y empezaron a buscar a los que sabían algo sobre la desaparición de Carina. «El que escupe letra se queda sin comedor», gatilló la Chunga y todos obedecieron. Durante tres días, el movilero buscó testigos, hasta que una chica se quebró y soltó la lengua. «A la Carina la boletearon los peruanos», dijo mirando a la cámara y explotó la bomba. Esa noche los hermanitos de la bocona se quedaron sin la cena porque «la olla se terminó».
—Decime mamerta, pa qué te cortá sola, cómo le decí que a la Carina la enfiestaron, matoneó la Chunga.
—No le di ningún nombre, Chunga, gimió la chica.
—So boluda, van a pinchar a los borregos del peruano y quedamos culo pa’arriba. ¡Rajate!, salí de mi vista, buchona, basureó la Chunga.
El peruano empezó con el trabajo sucio. Lo sacó del bunker a Claudio, el hijo mayor de la Chunga, y a los otros dos los borró de las paradas.
La Chunga pidió audiencia y la respuesta fue tajante: «La tenés adentro». Para tapar la mugre, gestionó una visita de los medios al comedor comunitario. El canal de noticias de mayor audiencia salió al aire con la clásica imagen de los chicos comiendo y la olla humeante. Fue muy pero muy tierna la entrevista porque la Chunga se echó a llorar: no le alcanzaba la comida para alimentar a tantos pequeños. Ahora se agregaron los viejos. Los conductores del noticiero, compungidos, daban su opinión, llenando de lágrimas la pantalla.
La delatora tuvo su amplio merecido: dos soldaditos del peruano la encerraron en una cortada de la villa y la desnudaron. «Cuidate putita, la próxima te bajamos», le dijo uno de los muchachos. La Chunga, con esta cachetada, les pidió a los de la Bonaerense que «quemasen el rancho». Dos días después, un grupo de uniformados ingresó en la villa y se llevó a los dos pendejos. Todo parecía tranquilo hasta que volvió el movilero. Esta vez «una fuente oficial había dado nueva información». Con seguridad, el periodista cargó las tintas. «La muerte de Carina fue un ajuste de cuentas entre el peruano Nicanor y la Chunga Rosella», afirmó. «Carina era una mula del peruano y la Chunga conocía que tenía una relación con su hijo Claudio. Para no molestar, Nicanor la mandó a matar porque sabía demasiado», concluyó.
La Chunga no quería perder terreno y fue por todo. En el camino, sufrió otro garrotazo: Brenda se había calentado con una pendeja y curtía cama con ella. Masticando rabia, reunió a la pandilla y llamó al peruano. Como era costumbre, los dos aparecieron enfierrados. Se cruzaron en la placita y la Chunga Rosella resultó más guapa. Cuando el peruano Nicanor se desplomó, todos bajaron la cabeza. La Chunga disparó dos tiros al aire, se dio vuelta, le apuntó a Brenda y le vació el cargador.
La noche empezaba a caer sobre la villa, para ocultar que los muertos nunca terminan de morir.
Dominga Clementina Rosella, conocida como la Chunga, fue abatida en un enfrentamiento armado con la Policía Bonaerense, junto a la banda de los «Polichorros», en la localidad de Manuel Gonnet. Con armas nueve milímetros, chalecos antibalas y barbijos de la Bonaerense, los malhechores se movilizaron en un Renault Kwid blanco, sobre el que pesaba un pedido de captura por robo. Tras el tiroteo, dos de los maleantes resultaron apresados: uno por el impacto de bala, y el otro como consecuencia de la caída de un paredón cuando trataba de fugarse por el Arroyo El Gato. El restante ladrón y La Chunga, murieron.
El operativo arrancó en la intersección de 31 y 522, donde en un patrullaje de rutina policial, identificaron al Renault Kwid blanco. La brigada policial dio la voz de alto a los ladrones, quienes en lugar de acatar la orden de detención, se dieron a la fuga, iniciando una carrera alocada que tuvo su primer encontronazo en 524 entre 131 y 132. Decididos a todo, los «Polichorros» y la Chunga, continuaron el escape unas cuadras más, hasta que, en 29 y 525, el Arroyo frustró sus planes. En un nuevo cruce se dispararon contra los efectivos; uno de los asaltantes recibió impactos en ambas piernas, quedando inmovilizado, mientras que el resto de los ocupantes del auto lograron escapar saltando el paredón, para correr en dirección al curso del agua. En esa fuga cinematográfica, otro integrante de la banda no logró saltar el paredón y cayó al piso; el golpe le provocó la fractura de su clavícula, inmovilizándolo. Solo la Chunga y su hijo Claudio lograron escapar.
En rigor, la brigada momentáneamente les perdonó la vida. El jefe del operativo era Marcelo Camacho, un comisario inspector lleno de vicios y muertes a sangre fría. Sus relaciones con mafiosos lo habían catapultado a la fama en la fuerza y nadie discutía su accionar. Camacho sabía que la Chunga estaba liquidada. La villa ya no era su territorio. La habían desplazado «Los Monitos», un grupo que le arrebató el negocio de la droga y cuyo cerebro era Marcelo Camacho. La Chunga estaba vieja. Su hijo nunca tuvo luces para brillar y los otros dos hijos nunca despertaron. Como buen zorro que era, Camacho se desplazó con los móviles hasta la salida del Arroyo. Los esperó tranquilo sentado en el patrullero. Cuando salieron del agua, sus muchachos los llenaron de balas. Camacho bajó del auto y caminó hasta donde yacían los cuerpos, ordenó a un subordinado que llamara a la ambulancia del Hospital de Gonnet, encendió un cigarrillo, se arrodilló ante el cadáver de la Chunga y balbuceó: «Te lo dije, Chunga; si te enganchamos, cabe plomo. Nadie vive para siempre».
Seis meses más tarde, Camacho fue separado de la fuerza. Pocos días después, murió en un accidente automovilístico en la Ruta 3, a la altura de Cañuelas, conduciendo alcoholizado y sin cinturón de seguridad.
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José María Gatti
José María Gatti nació en Buenos Aires, en 1948. Es psicólogo social, periodista e investigador. Se especializa en la obra de Ernest Hemingway y colabora en distintas publicaciones del extranjero analizando la vida del escritor.
En el año 1989 recibió el Primer Premio Categoría Monografía, otorgado por la Fundación Hebraica Argentina, por su trabajo Argentina a flor de piel, en el marco de la Primera Jornada de Reflexión sobre Discriminación. En 2001, el Ayuntamiento de Oleiros (Galicia, España) lo reconoció con el Premio Llave del Rey por su cuento “Pálida luna de Manantiales”.
Durante el 2004, la Editorial Longseller lo galardonó con el Segundo Premio, Categoría Cuento, en el Primer Concurso de Cuentos Longseller 2004 publicando su libro Ladrón de desalmados. También ese año obtuvo el Primer Premio en el Quinto Salón de Cuento y Poesía, organizado por UPCN (Unión Personal Civil de la Nación), por el cuento “Carmín encendido”. En enero de 2005, su microcuento “Despedida” fue seleccionado para integrar la Primera Antología de Microcuentos de Amor, organizado por la Universidad Nacional de Chile. En setiembre de ese año, el trabajo fue incorpora a la sección microcuentos de la Biblioteca Municipal Godella (Valencia-España).
En junio de 2007 fue invitado en calidad de ponente por la Casa-Museo Ernest Hemingway / Finca Vigía de La Habana (Cuba) al XI Coloquio Internacional Ernest Hemingway para exponer su tesis “Hemingway: el genio bipolar”. Como conferencista ese año también asistió a la Tercera Feria del Libro Mar del Plata-Puerto de Lectura (Mar del Plata) donde disertó sobre la experiencia cubana.
En 2011 estuvo invitado por el Instituto Hemingway de Bilbao (España) a dictar un ciclo de conferencias en Tarragona, Cambrils, Barcelona, Pamplona y Bilbao. Ese mismo año forma parte del Comité Organizador del Foro Internacional El mar de Hemingway (Lima-Perú). En el mes de julio, Radio Nedeland Internacional (Holanda) lo invitó junto al investigador Andrés Arenas Gómez a exponer sobre el suicidio y la bipolaridad de Hemingway.
En 2010 su bitácora www.lapipadehemingway.blogspot.com fue seleccionada por Technorati, el principal buscador automático de blogs, entre los diez mejores blogs temáticos sobre Ernest Miller Hemingway. En el 2012 su cuento “La leyenda del vino” resultó finalista en el Concurso de Relatos Cortos Tinta, sangre y vino, organizado por las Bodegas Paternina (Logroño -España) con motivo del 55 aniversario de la visita del escritor a la bodega.
El autor ha participado, en reiteradas oportunidades, de festivales internacionales del género negro. Entre otros: Festival Internacional de Medellín (Colombia), Córdoba Mata, Rosario Negro, Buenos Aires Negro y Azabache (Argentina).
Es miembro de la Academia Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación y vocal suplente de la Unión de Escritoras y Escritores.
Obra
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Hola Hemingway. Una mirada centenaria (1999)
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Ladrón de desalmados (2004
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La pipa de Hemingway (2008)
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Víctimas Inocentes (2013)
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Carne en flor (2015)
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Libre de pecados (2017)
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El muertito de Hemingway (2019)
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Siempre llueve detrás del arcoíris (2020)
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