De los Uturuncos al año 1961
“De los Uturuncos al año 1961” está incluido en El hereje. Apuntes sobre John William Cooke, Buenos Aires, Al Fondo a la Derecha Ediciones, 2022.
Debemos olvidar los sueños, abandonar nuestras viejas creencias y nuestras amistades de antes. No perdamos el tiempo en estériles letanías o enmimetismos nauseabundos.
Frantz Fanon
En la provincia de Tucumán, desde los días posteriores al golpe de 1955, venía actuando uno de los tantos comandos de la Resistencia esparcidos por el país: el Comando 17 de Octubre. El mismo estaba relacionado con el Comando Nacional Peronista, pero tenía un vínculo más directo con Cooke, sobre todo a partir de 1957, cuando este, después de la fuga del penal de Río Gallegos, estaba en pleno ejercicio de la delegación. Entre otras tareas, el comando se encargaba de hacer llegar a Buenos Aires cargamentos de explosivos obtenidos en las canteras de Bolivia.
Según Ernesto Salas, después del fracaso de la huelga general de enero 1959: “En Tucumán, por intermedio de Cooke, Abraham Guillén, un anarquista español veterano de la Guerra Civil, se reunió con Manuel Mena (el Gallego) y la dirección del Comando 17 de Octubre y les planteó el camino de la lucha armada para lograr el retorno de Perón. En octubre el primer grupo se instaló en el monte”.
Como dato relevante para comprender la experiencia de los Uturuncos, hay que tener presente el contexto político y social en la que se desarrolló. Ya hemos hablado lo suficiente sobre la situación nacional a partir de la llegada de Frondizi al gobierno; sin embargo, la aplicación del Plan Conintes es un dato insoslayable y nos parece valida la reiteración. Respecto de la situación local hay que considerar que, a mediados del año 1959, se desarrolló en Tucumán una huelga de los trabajadores de la Federación de Obreros Tucumanos de la Industria del Azúcar (FOTIA). La respuesta de las patronales, del gobierno provincial y del gobierno nacional fue muy dura, hubo represión y muertos, pero finalmente el conflicto fue coronado con un triunfo gracias a la combatividad de los trabajadores. El Comando 17 de Octubre estuvo muy activo en los días del conflicto.
Sin mayores esfuerzos en su acción perlocucionaria, Guillén logró comprometer al comando con el proyecto de iniciar la lucha armada. Mena y Genaro Carabajal (Alhaja) pasaron a conformar el Estado Mayor del Movimiento Peronista de Liberación-Ejército de Liberación Nacional (MPL-ELN). Más tarde conocido como Uturuncos (hombres-tigre en quechua), a partir de la popularización del nombre de guerra de otro de sus jefes, Juan Carlos Díaz, el Uturunco. En efecto, el grupo inicial de los Uturuncos constituyó una derivación del Comando 17 de Octubre.
El grupo comenzó sus actividades a fines de octubre de 1959. La primera acción de cierta envergadura fue el asalto a la guardia del Ferrocarril Mitre en San Miguel de Tucumán. Por falta de experiencia y de preparación, por carencia de recursos, la acción resultó muy mal ejecutada. Las armas obtenidas en el asalto se perdieron en la retirada y, al poco tiempo, el grupo se vio cercado por las fuerzas de seguridad. Muchos terminaron detenidos en la cárcel de Concepción.
Pero el grupo no se amilanó por el traspié. Con el agregado de otro contingente proveniente de la provincia de Santiago del Estero, conducido por Félix Serravalle (comandante “Puma”), se decidió tomar la comisaría de Frías en Santiago del Estero. El 25 de diciembre, guiados por Carabajal, un grupo de hombres con birretes con la sigla MPL-ELN tomó la comisaría. Después se instalaron en el monte, en el Cerro Cochuma. Pero, nuevamente, el despliegue de las fuerzas de seguridad y las deserciones (muchos eran jóvenes menores de 20 años) provocaron sucesivas caídas. Aunque severamente golpeada, la guerrilla de los Uturuncos siguió en pie un tiempo más.
En los primeros meses del año 1960 se sumó a los Uturuncos un grupo de militantes provenientes de Buenos Aires. Salas cuenta:
(el Gallego Mena) se hallaba en Buenos Aires, desde antes de la toma de Frías, para verlo a Cooke, que le ofrecía contactos peronistas ansiosos por ir a luchar a Tucumán. Ahora estaba en un departamento que el Gordo y Alicia le habían conseguido en la calle Leandro N. Alem, cerca de la estación Retiro.
Alicia era su más entusiasta apoyo; gracias a ella, Mena estaba por reclutar para la guerrilla a un grupo de jóvenes de los barrios de Florida, Vicente López y San Martín. [...]
También formaban parte de los grupos contactados por Alicia en Buenos Aires varios militantes del barrio de Pompeya que se reunían en el taller mecánico La Blanqueda, en Avenida Roca…”.
Otro de quienes se refirió a la repercusión de la guerrilla de los Uturuncos en la militancia de Buenos Aires fue Envar el Kadri: “También apareció, en esa época, el grupo Uturuncos [...]. Cooke era uno de los inspiradores. En Buenos Aires, los muchachos de la juventud se entusiasmaron, organizaron grupos de apoyo y empezaron a soñar con unírseles: hacían gimnasia, corrían, dejaban de fumar o de ir al cine para mandarles plata”.
Los nuevos contingentes le permitieron a la guerrilla de los Uturuncos mantener alguna actividad. Mena decidió asumir directamente la conducción del grupo e intentó llegar al monte acompañado del periodista Enrique Oliva, pero fueron interceptados por la fuerzas de seguridad y terminaron detenidos. El operativo represivo se intensificó en las ciudades. Las detenciones y los allanamientos hicieron cada vez más difícil continuar con el proyecto, y el grupo guerrillero se disolvió poco después a instancias de Mena. Salas arriesga la hipótesis de un posible vínculo con la experiencia del Ejército Guerrillero Pueblo (EGP) de Jorge Ricardo Masetti.
De alguna manera, las dificultades de la guerrilla de los Uturuncos fueron las dificultades del peronismo intransigente o combativo y —claro está— las del propio Cooke, durante el período 1956-1959. Hacia 1963 Emilio Morales destacaba la falta de centralización, la espontaneidad, las dificultades para relacionar la lucha armada con la labor de los sindicatos; también se refería a la heterogeneidad del grupo guerrillero:
Detrás de cada uno de estos grupos (se refiere a los que participaron de la guerrilla de los Uturuncos), se encontraban las disidencias que operaban dentro del peronismo. John William Cooke parece ser la cabeza visible de aquellos que creen en la lucha armada como única salida revolucionaria para el país. La lucha de este dirigente contra la dirección de su propio partido, es el episodio que enmarca y termina por definir el movimiento de Uturunco y el terrorismo urbano. Cada uno de los triunfos parciales de Cooke sobre la derecha del peronismo, se transforma en un triunfo —y en nuevas acciones— de los elementos más radicalizados de ese partido. No nos parece casual que a su derrota política, haya seguido la detención del “extremista” John William Cooke.
Más adelante, señalaba cómo las acciones de los Uturuncos terminaron por aislar a Cooke de la dirección del peronismo:
En lugar de consolidar el prestigio de Cooke dentro de la dirección peronista, el suceso de Frías hizo que se volviera contra él la mayoría absoluta de ese organismo. De manera que se detuvo en el acto cualquier intento de apoyar a “Puma” y a los demás jefes de los grupos, dispuestos ya a emprender la acción. Los otros frentes de lucha armada contra el gobierno no llegaron a concretarse nunca. La dirección peronista derrotó en su propio seno al grupo de Cooke y abandonó a su suerte a Uturunco y los suyos.
El año 1961 constituyó un punto de inflexión. El mismo Cooke lo señaló con toda claridad en la carta que le envía a Alhaja desde Cuba, decía: “El mundo del 61 no es el del 55, ni siquiera el del 59. Saltando el cerco doméstico de las pequeñas cosas que todo lo nublan, el panorama de todas partes se aclara rápida y positivamente en el sentido de las revoluciones populares” (Obras completas, Tomo III, pp. 51). En esta carta Cooke proponía desarrollar una línea de trabajo que apuntaba a definir un trazo revolucionario, a impulsar la formación de cuadros (insiste en Cuba como una escuela excepcional) y a la clarificación del nivel ideológico de las masas. Sostenemos que esta línea de trabajo condicionará su militancia hasta su muerte, en 1968.
Podemos afirmar que hacia 1961 Cooke realizó una triple constatación. Para fundamentarlo tomamos como referencia la carta a Perón del 24 de julio y la carta a Alhaja del 18 de agosto.
En primer lugar, Cooke explicaba: “Nada se puede resolver en el país si las masas peronistas no se movilizan revolucionariamente”; [...] “los únicos que pueden dar por el suelo con el capitalismo imperialista somos los peronistas, cuanto más humildes de condición, más peligrosos”. [...] “Como izquierda, sintiéndonos de izquierda, somos una fuerza de futuro” (Obras completas, Tomo II, p. 478). Esto planteaba la necesidad de una dirección revolucionaria, ya que la experiencia inmediatamente anterior había demostrado cómo la clase obrera argentina, con toda su rebeldía y su potencial, seguía expuesta a la dirección burguesa y al reformismo. Cooke, retomando algunos planteos del “Informe General y Plan de Acción” de 1957, reconocía que la vía insurreccional (huelga general que deviene insurrección) requería de una organización político-militar de cuadros y de una definición ideológica que asumiera sin tapujos el carácter de izquierda del movimiento.
Desde Cuba, en carta del 24 de julio de 1961, Cooke le dijo a Perón:
¿Qué somos, desde el punto de vista de nuestra orientación? Lo único que es posible: un partido de izquierda. Los que dicen que eso de izquierdas y derechas no tiene razón de ser es porque son reaccionarios; para el resto de la gente, la palabra izquierda tiene un significado muy claro, y doblemente claro en la Argentina, donde la izquierda fue cipaya —es decir, no fue izquierda— pero ya la confusión se desvaneció. Si postulamos la revolución social y la liquidación de los lazos coloniales, somos de izquierda, y ocultándonos esa realidad no progresamos nada. El límite de nuestra ideología lo damos nosotros mismos, lo mismo que las diferenciaciones con respecto al comunismo y otros movimientos izquierdistas. Pero como izquierda, sintiéndonos de izquierda, somos una fuerza de futuro; como un extraño bicho que es de izquierda y busca congraciarse con la derecha, duraremos lo que Ud. dure y luego vendrá la diáspora, fraccionados en partículas, sin nada que ofrecer. (Obras completas, Tomo II, pp. 494 y 495).
Cooke constataba por un lado la incompatibilidad “objetiva” del peronismo con el sistema y, por el otro, la ausencia de una incompatibilidad “subjetiva” o ideológica.
Esta carta es clave para comprender la posición de Cooke, el signo distintivo del cookismo, porque está cargada de definiciones ideológicas y políticas categóricas. Cooke le planteó a Perón: 1) la contraposición entre un peronismo de “figuración y calculo”, sin “angustia”, y un peronismo revolucionario; 2) que la ambigüedad e indefinición del peronismo lo malogran como movimiento emancipador y lo convierten en base de maniobras de las políticas reaccionarias, en fin: que el vacío ideológico y la confusión política, la ausencia de fines y formas, es uno de los grandes problemas del Movimiento; 3) que en el peronismo existen tendencias reaccionarias, pro-occidentales y cristianas, y “anticomunistas” que indefectiblemente lo anulan como movimiento de liberación porque, para Cooke, la ideología “occidental y cristiana” no era simplemente un delirio de fanáticos, sino una realidad material: su función era justificar los intereses del colonialismo, de la burguesía transnacional y local y de sus aliados; 4) que la debilidad del Movimiento se explica a partir de la existencia de una capa burocrática que no hace más que reproducir la ideología del sistema; 5) que la Revolución Cubana constituye una línea divisoria desde el punto de vista ideológico y geopolítico y que había que tomar partido, cuanto antes mejor, porque los tiempos se habían acelerado (tengamos presente también que en el año 1961, en la Conferencia de Belgrado, en Yugoslavia, nace el Movimiento de Países no Alineados); 6) que los planteos en torno a la unidad del peronismo remiten a una posición oportunista; 7) que la idea de la reconstrucción del frente de 1945 expresa tendencias reaccionarias y/o una incapacidad para asumir el dilema que impone esa frustración estructural: consolidar una alternativa burguesa, que en el mejor de los casos apele a un nacionalismo retórico que encubra su pro-imperialismo y su pro occidentalismo, o construir una fuerza revolucionaria y socialista; 8) que la burguesía nacional “se dio vuelta”, 9) que los comunistas “somos nosotros”.
Con pocos días de diferencia, el 18 de agosto de 1961, le escribió a Vicente Trípoli para comentarle que el Movimiento “naufraga en la indefinición ideológica” y que, al igual que el país, era una “selva espesa y enmarañada” (Obras completas, Tomo III, p. 53).
En segundo lugar, en la carta a Alhaja, Cooke planteaba que: “El ajedrez electoral no resuelve nada”, “las variantes electorales son trampas groseras” (Obras completas, Tomo III, pp. 51). El pueblo no depositaba muchas expectativas en los procesos electorales. Para Cooke la táctica electoral pasaba a ser secundaria y debía estar subordinada a las conveniencias de una estrategia más amplia. Estas convicciones terminarán siendo corroboradas un año más tarde, cuando el gobierno de Frondizi desconozca el triunfo de Andrés Framini, dirigente textil de la “línea dura”, en las elecciones para la gobernación de la provincia de Buenos Aires. Desde otra perspectiva, Cooke entendía que las variantes electorales tendían a beneficiar a la burocracia política y sindical del Movimiento, a la línea “blanda”. Tampoco servía el “golpe militar peronista”. La tentación pustchista estuvo presente con cierta fuerza en el peronismo hasta 1960, aunque nunca haya sido compartida por Perón quien desconfiaba profundamente de sus camaradas de armas. Con el fallido asalto al Regimiento 11 de Infantería de Rosario, dirigido por el general Miguel Ángel Iñiguez, jefe del Comando Organizativo Revolucionario (COR), el “golpe peronista” perdió peso como alternativa.
Después de la Revolución Cubana el pustchismo será visto por los distintos sectores revolucionarios del peronismo —incluido Cooke, claro está— como uno de los rostros de la política reformista puesto que, desde algunos sectores del peronismo y de la izquierda, comenzaba a asumirse que no se podía destruir el Estado burgués semicolonial con los instrumentos de ese mismo Estado, mucho menos en un solo acto.
En tercer lugar, Cooke sostenía: “La revolución social, es decir, la revolución socialista, avanza rápidamente en el Continente a partir de Cuba. La diferencia está en si la hace esta generación o llega aburridamente en una vuelta del cohete de Gagarin o Titov. De cualquier manera, llegará. Pero nosotros la queremos en esta generación y con sangre criolla” (Obras completas, Tomo III, pp. 51). La Revolución Cubana —al asumir la forma de un proceso indefinido, sin etapas separables (democrático-burguesa, socialista)— había convertido en superflua la discusión sobre la naturaleza de la revolución, colocando en el centro del debate el problema del poder político.
Cooke asumió —¡en 1961!— que la tarea principal consistía en “construir la vanguardia de la revolución para realizar la insurrección popular, por un método, por otro, o por varios” y agregaba: “Lo fundamental es tener cuadros, y muchos cuadros”. Cooke ya era un crítico de la burguesía y no desvinculaba la liberación nacional de los cambios drásticos en las relaciones de propiedad. En esa época, ya planteaba la necesidad de la acción consciente de las masas en la lucha de clases, es decir, que ya era claramente socialista. Un socialismo que supondrá y abarcará el anticolonialismo, el antiimperialismo y el nacionalismo; y que, a partir del planteo de la necesidad de exceder el régimen del capital, permitirá la efectiva realización de estos últimos, estrechando el espacio para las ambigüedades. O sea, la revolución concebida como “socialista y antiimperialista”. Y el socialismo, en su proceso de construcción, que daba cuenta del imperialismo en cada paso, lejos del etapismo que consideraba que en primera instancia había que expulsar al imperialismo para luego avanzar al socialismo.
En el Capítulo 8 mencionamos las iniciativas de algunos y algunas jóvenes peronistas que hacia 1960 llevaron a cabo las primeras acciones armadas de carácter urbano. En julio de 1961 los hermanos Santucho fundaron en la provincia de Santiago del Estero el Frente Revolucionario Indo-americano Popular (FRIP). Ese mismo año, Ángel Bengoechea (el Vasco) —quien, como veremos, mantuvo una estrecha relación con Cooke y con Alicia— iniciaba las primeras experiencias de acciones armadas de carácter urbano. Otra etapa se iniciaba en la historia de las luchas populares en la Argentina.
126 Salas, Ernesto José, Uturuncos. El origen de la guerrilla peronista, Buenos Aires, Punto de Encuentro, 2015, p. 68.
127 Ibidem, pp. 131, 132 y 133.
128 Testimonio de Envar “Cacho” El Kadri en: Anguita, Eduardo y Caparrós, Martín, La Voluntad. Una historia de la militancia revolucionaria en la Argentina, 1966-1973, Buenos Aires, Norma, 1997, Tomo I, p. 63.
129 Salas, Ernesto, José, Uturuncos, el origen de la guerrilla peronista, Op. cit., p. 171.
130 Morales, Emilio: “Uturunco y las guerrillas en la Argentina”, en: revista El Obrero, Año II, N.º 2, diciembre-enero de 1964, p. 37.
131 Ibidem, p. 47.
132 En la carta a Alhaja Cooke sostiene que en Cuba “aprenderán en muy poco tiempo lo que durante años no podrán aprender allá [se refiere a Buenos Aires] ni en ninguna parte”: Ver: Carta de John William Cooke a Alhaja. [Obras completas, Tomo III, pp. 49-52].
133 Véase: Obras completas, Tomo II, pp. 475-497. Un año después, en Carta a Perón del 18 de octubre de 1962, dirá: “Los comunistas, en la Argentina, somos nosotros, porque el imperialismo yanqui no se guía por definiciones filosóficas sino por hechos prácticos; y el movimiento de masas que pone el peligro las inversiones, el orden social y la ‘seguridad’ hemisférica [sic], eso es el comunismo” Véase: Obras completas, Tomo II, p. 562].
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Miguel Mazzeo
Miguel Mazzeo nació y vive en Lanús Oeste, provincia de Buenos Aires, Argentina. Es Profesor de Historia (Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires) y Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires. Es docente e investigador en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y en la Universidad de Lanús (UNLa) e investigador del Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe (IEALC), en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. También ejerce como docente en espacios de formación (escuelas, cursos y seminarios) de distintas organizaciones populares y movimientos sociales de Argentina y Nuestra América. Ha participado, como expositor y coordinador, en diversas Cátedras Libres en Buenos Aires y en el interior del país.
Obra:
- Piqueteros. Notas para una tipología, publicado por Manuel Suárez Editor (Buenos Aires) en 2003 y por la Editorial Quadratta y el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas con el título: Piqueter@s. Breve historia de un movimiento popular argentino (Buenos Aires) en 2014.
- ¿Qué (no) Hacer? Apuntes para una crítica de los regímenes emancipatorios, publicado por la editorial Antropogafia (Buenos Aires) en 2005, por Anarres (Buenos Aires) en 2011 y por Quimantú (Santiago de Chile) en 2015.
- El Sueño de Una cosa. Introducción al poder popular, publicado por la editorial El Colectivo (Buenos Aires), por la Fundación Editorial El perro y la rana (Caracas) en 2007 y por Tiempo Robado Editoras (Santiago de Chile) en 2014 con el título Introducción al poder popular.
- El sueño de una cosa (edición corregida y aumentada).
- Invitación al descubrimiento, José Carlos Mariátegui y el Socialismo de Nuestra América, publicado por El Colectivo (Buenos Aires) y por Minerva (Lima) en 2008.
- Poder popular y nación. Notas sobre el Bicentenario de la Revolución de Mayo, publicado por El Colectivo/Ediciones Herramienta (Buenos Aires) en 2011.
- Conjurar a Babel, Notas para una caracterización de la nueva generación intelectual argentina, publicado por El Colectivo/Dialektik (Buenos Aires) en 2012.
- El socialismo enraizado. José Carlos Mariátegui: vigencia de su concepto de “Socialismo práctico”, publicado por Fondo de Cultura Económica (Lima) en 2013.
- Entre la reivención de la política y el fetichismo del poder. Cavilaciones sobre la izquierda independiente argentina, publicado por Puño y Letra (Rosario), 2014.
- El hereje. Apuntes sobre John William Cooke, Buenos Aires, Al Fondo a la Derecha Ediciones, 2022.
Por su libro José Carlos Mariátegui y el socialismo de Nuestra América, publicado por Fondo Editorial William Lara (Caracas) en 2014, obtuvo la Mención Honorífica del Premio Libertador al Pensamiento Crítico.
Fue uno de los fundadores, en el año 1991, de la Agrupación Universitaria José Carlos Mariátegui (La Mariátegui) y de la Corriente Estudiantil de Unidad Popular (CEUP), ambas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Asimismo, participó en la organización del Encuentro de Organizaciones Sociales (EOS) desde 1997, de la Coordinadora de Organizaciones Populares Autónomas (COPA) desde 2001 y de la Coordinadora de Organizaciones de Movimientos Populares Autónomos (COMPA), desde 2010. A fines de los 90 se vinculó a los Movimientos de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón del sur del Gran Buenos Aires donde desarrolló tareas de formación, entre otras. Fue militante del Frente Popular Darío Santillán (Argentina) desde su fundación en 2004 hasta 2013.
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