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Año 11 #130 Agosto 2025

La nochebuena de Maritornes

Maritornes trajina en la venta yendo de un lado para otro, seguida por las pullas de los arrieros y las insolencias de los soldados. Está acostumbrada, y si bien en comparación con su vida son dulces las tueras y sabrosas las adelfas, ni una queja sale de sus labios. Es humilde sin rencor, trabajadora sin odio, sirvienta sin hiel.

La noche del veinticuatro de diciembre es azul, gélida, estrellada. Maritornes enciende el fuego. Crujen las ramas verdes y un humo blanco se elevan rápidamente; Después las llamas se lo tragan. Dos o tres chiquillos arrojan castañas y bellotas a las brasas. Estallidos y carcajadas infantiles. Maritornes ríe también. Le es fácil reír en Nochebuena, porque es Nochebuena y porque además tiene concertado refocilarse, al dormirse los amos y sosegarse los huéspedes, con un estudiante joven y, limpio, de miembros finos y ensortijados cabellos rubios. El estudiante no sabe nada, pero Maritornes está segura de que no rechazará un cuerpo cálido en la cama fría. Sobre todo porque en la oscuridad no se percatará de su boca desdentada por la sífilis, de sus cejas peladas, de su nariz roma, de sus ojuelos velados por un humor acuoso que destila constantemente. Y Maritornes ríe, ríe ante los insultos del mesonero Juan Palomeque, ante las palmadas de un arriero rijoso. Las risas arrecian cuando un recién llegado, mozo de mulas, empieza a contar a gritos que, después de recibir todos los sacramentos y abominando con eficaces razones los libros de caballería, ha muerto don Alonso Quijano, que tanto tiempo estuvo loco y recorriera caminos con el nombre de don Quijote, creyéndose caballero andante. Maritornes recuerda muy bien su escuálida figura, y también el mofletudo rostro de su escudero Sancho. Recuerda la noche en que el caballero herido llegó a la venta, confundiéndola con un castillo. Recuerda que iba ella a la cama de Sancho, cuando sintiola don Quijote y el atrajo hacia sí, diciendo que era de cendal su camisa de arpillera, de perlas orientales las cuentas de vidrio que traía en la muñeca, de hebras de oro de Arabia sus cabellos cochambrosos recogidos en una albanega de fustán. Recuerda que la llamada “señora y doncella”. ¡A ella, a Maritornes! Es como para reír. Pero la risa se transforma en lágrimas y Maritornes llora.

Mucho después de la medianoche, con tácitos y atentados pasos, Maritornes entra en el aposento donde se aloja el estudiante. Se siente como pensada por don Quijote: joven, doncella y hermosa. Acerca del candil al lecho y contempla al mozo dormido. Es muy distinto del hidalgo manchego. Enjuto, bien conformado, casi un niño. En el suelo están el espadín, el birrete, la golilla, los escarpines, las calzas, la casaca y la camisa. Maritornes recoge y ordena todo. Después de soltar los cabellos. En ese momento se siente más agraciada que Oriana, más inquietante que Urganda la Desconocida. Sus pies son dos palomas blancas, su cuerpo el surtidor de una fuente, sus ojos dos estrellas negras. Y las lágrimas que llora todavía, mientras se mete en la cama del estudiante, son lágrimas de agradecimiento al Caballero de la Triste Figura, que por segunda vez en su miserable vida le ha regalado belleza.

  • Eduardo Gudiño Kieffer
    Gudiño Kieffer, Eduardo

    Eduardo Gudiño Kieffer (Esperanza, Santa Fe, 2 de noviembre de 1935 - Buenos Aires, 20 de septiembre de 2002) fue un escritor y periodista argentino que obtuvo el Premio Konex 1984. Obtuvo en 1965 la beca Stage en la ORTF del Gobierno Francés y, en 1967, la del Fondo Nacional de las Artes (PK). En 1960 publicó su primer libro de cuentos Fabulario. Entre sus obras se destacan las novelas Para comerte mejor (1968), Guía de Pecadores (1972) y Medias negras, peluca rubia (1979), el ensayo Carta abierta a Buenos Aires violento (1970) y el cuento Un ángel en patitas (1984). Colaboró en el diario La Nación (PK) como redactor de reseñas bibliográficas y como columnista en la revista dominical. Autor de los guiones de cine La hora de María y Desde el abismo. Recibió el Premio Affinités en 1957, la Faja de Honor de la SADE, la Pluma de Plata del Pen Club y el Premio Literario del Instituto Griego de Cultura en 1988. Director del FNA en 1993. Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires en 2001.

    Novelas

    • Para comerte mejor (1968)
    • Guía de pecadores (1972)
    • La hora de María y el pájaro de oro (1975)
    • Será por eso que la quiero tanto (1975)
    • Medias negras, peluca rubia (1979)
    • ¿Somos? (1982)
    • Magia blanca (1986)
    • Kerkya, Kerkyra (1988)
    • Bajo amor en alta mar (1994)
    • El príncipe de los lirios (1995)

    Cuentos o fábulas

    • Fabulario (1969)
    • Ta te tías y otros juegos (1980)
    • Jaque a Pa y Ma (1982)
    • No son tan Buenos tus Aires (1982)
    • Un ángel en patitas (1984)
    • Alguna vez (1984), en el libro Caramelos surtidos
    • Buenos Aires por arte de magia (1986)
    • Historia y cuentos del alfabeto (1987)
    • Ángeles buscando infancia (1987)
    • Nombres de mujer (1988)
    • Malas malísimas (1998)
    • Diez fantasmas de Buenos Aires (1998)

    Ensayos

    • Carta abierta a Buenos Aires violento (1970)
    • Prólogo del libro Un tenue olor a aceite, obra prima de Luis Alberto Melograno Lecuna (1983)
    • Manual para nativos pensantes (1985)
    • A Buenos Aires (1986)
    • El peinetón (ensayo y cuentos, 1986)
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