A 100 años del nacimiento de Alicia Eguren
Miguel Mazzeo:
Lo primero que se me ocurre decir es que es un placer estar acá, pero eso es evidente. Debo señalar que es una enorme responsabilidad también, porque la Cátedra, cerca de cumplir los 25 años —el año que viene—, es una especie de baluarte de la resistencia cultural. En este contexto, eso se nota más. En un momento tan difícil, un espacio del pensamiento crítico como este, y que además tiene el mérito de haber sostenido sus actividades durante 25 años, vale oro. Si me preguntan por otro ámbito que replique la historia de esta cátedra, no se me ocurre ninguno. Hay otras instituciones que duran, pero la duración de esas instituciones no suele ser tan positiva como la de esta. Por cierto, creo que alguna vez lo dijimos aquí, la duración no necesariamente es un mérito, especialmente en política. En algunos pocos casos, sí, y este es uno de ellos, sin lugar a dudas.
Y bueno, respecto a lo que decía Alejandro recién, es cierto. La última vez que estuve aquí tenía que hablar sobre John y Alicia, y hablé solo sobre John. De Alicia dije muy poco. Después me di cuenta por qué no hablé de Alicia. En ese momento no hablé de Alicia porque no sabía demasiado sobre ella. Esa es la realidad. Sabía mucho más del Bebe, cuya obra había leído y trabajado de cabo a rabo. Alicia no tenía una obra escrita, una obra filosófica, histórica o política. Salvo algunos artículos periodísticos. Eso creíamos. Había publicado libros de poesía, pero como no eran textos teóricos no le dimos importancia. Así fue nomás el asunto. En ese momento no sabíamos de las cartas y de otros textos políticos de Alicia. En estos últimos años, cambiaron muchas cosas, que les voy a ir contando a medida que vaya desarrollando el tema.
El proceso de escritura de este libro, en realidad, no solo contribuyó a un mejor conocimiento de Alicia, sino que también implicó un proceso de autoconocimiento. Primero, este libro es una biografía. Y yo no escribo biografías. Yo no suelo escribir biografías. Escribo otras cosas. No era fácil para mí encarar la escritura en un registro desconocido. De hecho, a la hora de ponerme a escribir, tuve que remitirme a algunas viejas lecturas de adolescente. Cuando tenía 14, 15 años, era un gran lector de biografías. Era mi género favorito. Creo que cuando ingresé a la Universidad, a los 17 o 18 años, dejé de leer biografías. Debe ser un poco, también, porque la academia considera al género biográfico como un género menor. Exactamente lo mismo ocurre con el ensayo. Por el lado de la política y de la militancia, uno no podía prescindir de los ensayos, pero sí de las biografías. La historia, finalmente, la hacen los pueblos, no las personas. En concreto, tempranamente abandoné la lectura de biografías. En la adolescencia leí a Isaac Deutscher, su magnífica biografía sobre León Trotsky, por ejemplo. Leí a Marguerite Yourcenar, también. Leí a Álvaro Yunque, a Manuel Gálvez. Recuerdo que leía mucho a Howard Fast. Me encantaba Howard Fast, un escritor norteamericano de biografías. Su biografía sobre Espartaco se llevó al cine. Tuve que remitirme a esa lejana experiencia como lector porque era la única referencia que yo tenía del género. Solo contaba con el recuerdo de esas biografías que había leído de pibe.
Luego, volviendo a Alicia, tampoco me resultaba fácil escribir sobre una mujer. Como ustedes pueden apreciar, yo soy un hombre, de la edad que tengo, lo que no es un dato menor porque remite a un contexto histórico de socialización sexo-genérica. O sea: varón, relativamente blanco, heterosexual, de más de 50 años. No es la mejor condición “natural” para ponerse a escribir sobre una mujer. Así que ese fue otro gran desafío.
Otra cuestión importante: lo que hace una biografía es construir un “yo”. Construye un “yo” que jamás existió. Nadie vive una biografía. Las personas viven vidas. Esas vidas son retazos, son fragmentos. Ahora, cuando uno toma todos esos retazos y los compone como una biografía, en realidad, está forzando algo. Entonces, ahí es donde la biografía linda con los géneros más literarios. Para mí, ese fue también un gran problema. En algún punto me parecía que estaba inventando una coherencia y que, de alguna manera, la escritura se aproximaba a la fábula. Después me di cuenta que la relación que se establece entre el escritor de una biografía, el personaje biografiado y el lector o la lectora nunca es una relación transparente. A diferencia de lo que puede ocurrir con otros géneros. Entonces, esos eran todos los problemas que se me presentaban.
Tomo contacto con John William Cooke a través de la militancia. Fueron compañeras y compañeros mayores, las y los que habían militado en los 70, la generación anterior a la mía, quienes me hablaban de Cooke todo el tiempo. Con John, aparecía Alicia Eguren, pero casi siempre como un personaje secundario. La figura de Alicia, después me di cuenta, había sido sometida a un proceso de secundarización. Estaba oculta, había sido negada. Pero, a partir de algunos indicios, empecé a percibir que era una figura muy potente, demasiado potente como para pasarla por alto. Entonces, a partir de ese momento, el otro gran desafío era darle a Alicia un tratamiento independiente de la figura de John. No era fácil, porque cuando intenté, al principio, escribir algo sobre Alicia, no hacía otra cosa de hablar de John todo el tiempo, todo el tiempo. La pregunta, entonces, fue: ¿por qué estaba tan subrepresentada Alicia en el relato histórico? En ese momento, hilando un poco más fino, comencé a reconocer algunas cosas que antes pasaba por alto.
Primero, algo bien claro, Alicia era parte del proyecto revolucionario de los 60 y los 70. La derrota de ese proyecto, obviamente, tenía que afectar a una figura como la de Alicia. No podía salir indemne de la derrota ni presentarse como una figura transparente. No se nos iba a ofrecer como una figura cristalina. Esa condición de figura histórica prácticamente irrepresentable, Alicia la comparte con otras figuras de su generación, la generación revolucionaria de los 60 y los 70.
Segundo, ¿quién se hace cargo hoy de la herencia de Alicia?, ¿qué colectivo?, ¿qué organización?, ¿qué comunidad política o académica puede hoy hacerse cargo de una figura tan excesiva como la de Alicia? Desde la izquierda más clásica y convencional, Alicia es prácticamente inasimilable, entre otras cosas, porque fue peronista. Para el peronismo, en el estado actual de su praxis, también era una figura inasimilable porque era de izquierda, marxista y guevarista. Entonces, Alicia no tenía ni tiene herederas y herederos. No muchas y muchos. Tercero, por la hegemonía del patriarcado. La historiografía, ustedes saben, es machista. Predominan, en la historia, y en las otras disciplinas también, las visiones androcéntricas. Y eso también hizo que una figura como la de Alicia quedara tapada, oculta. Y cuarto, algo mucho más complicado: fueron sus propias compañeras y sus propios compañeros, sobre todo sus compañeros varones, los que ejercieron una especie de condena moral sobre la memoria de Alicia. Ella había sido demasiado libre para su época. Ella ejerció sin límites su libertad deseante, para decirlo más claramente. Sin dudas, Alicia estaba en exceso respecto de lo que su tiempo habilitaba y toleraba. Por ejemplo: se afirma que Alicia había sido “infiel”. Hablando con un viejo militante, a quien no voy a nombrar porque ya falleció y porque era un enorme compañero, me decía –todo compungido él– que Alicia le metía los cuernos a Cooke. Recuerdo que le dije: —“che, no te pongas tan moralista”. Y él me dice: —“bueno… pero el corneado era Cooke”. No era correcta la apreciación del compañero, ni aún en sus propios términos. Cooke y Alicia habían acordado ser una “pareja abierta”.
Alicia había sido amante del Che, además. Y otro compañero me dijo: —“no se te ocurra decir eso en Cuba porque a muchas y muchos no les va a gustar”. El Che estaba casado, claro. Alicia, también, había sido amante de Salvador Allende. Eran todas versiones que yo tenía, que después pude corroborar, a partir de documentos y de testimonios claves. El más importante, el testimonio de Pedro Catella Eguren, Pedrito, el hijo de Alicia. Últimamente aparecieron muchos testimonios más, muchos materiales, entre otros un cuaderno de Alicia, marca Gloria, de la década del 60, iniciado con el título: Poemas a Salvador. Está probado que hubo una relación amorosa entre Alicia y Allende. A partir de la lectura de esos poemas, se deduce claramente. Y también hay un poema, más conocido, dedicado al Che. Solo basta con leerlo para darse cuenta del carácter del vínculo de Alicia con el Che. Bueno… estas relaciones, en lugar de contribuir a la comprensión de una figura histórica y de su tiempo, sirvieron para elaborar toda una hojarasca que tapó a Alicia durante décadas.
Entonces, asumo la tarea de barrer esa hojarasca para encontrar a Alicia, eliminando las capas que la cubrían. Al mismo tiempo, fui quitando las capas que cubrían mi propia visión; también distorsionada. Sin dudas, escribir sobre ella fue, como se suele decir, un ejercicio de deconstrucción. Empecé a descubrir cosas, tal vez obvias para miradas más avezadas; por ejemplo: la histerización retrospectiva del cuerpo femenino en los registros historiográficos. Pude comenzar historizar aspectos vinculados al tema de la paridad de géneros. Entre los años 60 y los años 70, la política adquiere en Argentina un carácter que la acercaba a lo bélico. Entre la guerra y la mujer, históricamente, se ha planteado una contradicción muy fuerte. La guerra en el sentido tradicional, digamos. Hay que leer a los teóricos de la guerra para ver qué dicen respecto de las mujeres y de lo femenino. Es terrible lo que dicen. Desde Carl von Clausewitz hasta el propio Che Guevara. La mujer y la guerra suelen ser presentadas como incompatibles. Primero por una cuestión biológica, hay una especie de determinismo biológico en la teoría clásica de la guerra. Creo que era Simone de Beauvoir la que hablaba del cuerpo roído por la especie mensualmente. Entonces había ahí una cuestión operativa que, supuestamente, afectaba la participación de la mujer en una actividad política que presentaba elementos bélicos fundamentales. Pero, también, el gran problema era: ¿qué pasa si una mujer va a la vanguardia? Es decir, ¿qué pasa si ella se sale de la retaguardia? Ahí el varón tiene problemas. Porque la mujer instalada en la retaguardia garantiza la reproducción de ciertas condiciones que le permiten al varón desarrollar sus destrezas vanguardistas. Ese era un gran problema también. Entonces, aparecen todas esas cuestiones cuando uno comienza a superar la visión dogmática y patriarcal.
Después, el otro gran tema era cómo abordar las cuestiones vinculadas a lo que se suele denominar como el ámbito de “lo personal” o “lo privado”. Decir que Alicia fue amante de tal o cual implica tocar temas personales. No sé si es un prejuicio, pero uno cree que eso corresponde al terreno de la chismografía, que no tiene nada que ver con un estudio histórico serio. Pero si partimos de la base de que, precisamente por esas cuestiones, Alicia estaba oculta y subrepresentada, estamos obligados a dar cuenta de ellas. Entonces, intento contar esas relaciones a partir de testimonios, de datos, de fuentes. Trato de hacerlo del modo más serio posible y, también, del modo más justo posible. Si la consigna del movimiento feminista, que está en discusión, pero que de todas maneras es muy potente, plantea que lo personal es político: ¿cómo desatender eso que se suele considerar como “lo personal”?
Finalmente, asumo que, en la escritura de este libro sobre Alicia, mis procedimientos fueron “evangélicos”, en el sentido del Nuevo Testamento. Los evangelistas, en realidad, eran comunidades enteras, no personas. Si bien aparecen autorías muy célebres: Mateo, Marcos, Lucas y Juan, en realidad, se trataba de la comunidad de Mateo, la de Marcos, la de Lucas y la de Juan. Es una comunidad la autora de cada Evangelio. En el caso que nos convoca, de alguna manera, también hay una comunidad autoral: la comunidad de Alicia. El trajinar de Alicia se pudo reconstruir a partir de los testimonios de sus compañeras y sus compañeros, de sus familiares, como su sobrino y, especialmente, de su hijo. Entonces, a partir de mi contacto directo con esa comunidad, la comunidad de Alicia, es que termino escribiendo una especie de Evangelio, salvando las distancias y la destreza literaria de los verdaderos evangelistas.
Debo señalar que hubo un elemento clave en el proceso de escritura de esta biografía sobre Alicia. Una situación del orden de lo heurístico, podríamos decir. Me refiero a la circunstancia de descubrir textos desconocidos de Alicia Eguren, sobre todo sus cartas. Estaban en poder de su hijo, estuvieron todo este tiempo en su poder, y de un compañero que se llama Carlos Lafforgue que también vive, que conservó el archivo Cooke-Eguren durante muchísimo tiempo. Todo ese material se hizo público en los últimos años. En 2016, en la Biblioteca Nacional, se creó el Fondo Cooke-Eguren donde están, entre otras cosas, las cartas de Alicia a John y de John a Alicia; las cartas que se enviaban de prisión a prisión, en tiempos de la Revolución Fusiladora y la Resistencia Peronista. Son muchas cartas, muchísimas. Son cartas de amor y de política. De amor y de guerra. Es muy difícil determinar dónde termina una cosa y empieza la otra. Están muy mezclados el amor y la política, el amor y la guerra. Poseen un nivel político-literario increíble. Política y estéticamente son impecables. Desde mi punto de vista, se trata de una de las correspondencias más importantes de la historia argentina del siglo XX. Pero después están, también, las cartas que Alicia les envía a sus padres cuando está en Cuba. Las cartas en las que le explica a su hijo, que es un niño de 10 a 12 años, la Revolución Cubana y los fundamentos de su compromiso revolucionario. Ahí aparece el tema de la maternidad revolucionaria. ¿Cómo se ejerce una maternidad revolucionaria? ¿Cómo se ejercía en esos años? Por supuesto, también tenemos las cartas a todas las figuras políticas importantes de Argentina de los años 50, 60 y 70. Cartas a Agustín Tosco, a Héctor J. Cámpora, a Esteban Righi, a Atilio López, a Juan Domingo Perón, etc… Por suerte, ya ni siquiera es necesario tomarse el trabajo de consultar el Fondo Cooke-Eguren en la Biblioteca Nacional. Todo ese material acaba de ser publicado por la editorial Colihue: Eguren Alicia, Escritos. Casi 1000 páginas. Con introducción, selección y notas a cargo de Santiago Allende, Nicolás del Zotto y Emiliano Ruiz Díaz. Estos compañeros hicieron un trabajo formidable.
Se conoce la famosa Carta Abierta al General Perón, que se publicó en el año 1971 en la revista Nuevo Hombre. Esa carta es conocida porque la publicó una revista de gran tirada y fue un documento importante que circuló bastante en ámbitos militantes. Pero también hay otras cinco cartas más a Perón. Intensas cartas donde Alicia retoma la línea de Cooke en la Correspondencia Cooke-Perón, Perón-Cooke, pero en un tono más elevado, más directo y menos diplomático, más cruel. Ella es mucho más dura con Perón que el Bebe. Cooke siempre conservó la elegancia política. Alicia no. Alicia es descarnada. Alicia es tajante e impiadosa en las cartas a Perón. Por otra parte, Perón jamás le respondió.
Entonces, respecto del trabajo de escritura de una biografía sobre Alicia, también debo señalar otra tara: una matriz logocéntrica. Me costaba escribir sin muchas fuentes documentales, sobre un personaje al que suponía (equivocadamente) cuasi ágrafo. Sin dudas, la posibilidad de contar con los textos de Alicia, con sus cartas, simplificó mucho mi tarea. Digo esto como un pequeño comentario sobre las dificultades y desafíos a la hora de escribir el libro y sobre el inmenso placer de encarar esa tarea.
¿Quién fue Alicia Eguren? Sería la primer gran pregunta. Alicia fue definida, por ejemplo, como la “Pasionaria argentina”, en referencia a la vasca Dolores Ibárruri, militante del Partido Comunista de España, una figura muy importante durante la Guerra Civil y también en los años posteriores, los años de la resistencia antifranquista. Alguien también definió a Alicia como “nuestra Rosa Luxemburgo”, la Rosa Luxemburgo criolla o como una “mezcla de Simone de Beauvoir y Rosa Luxemburgo”. No están desacertadas, me parece, estas definiciones. Todas tienen algo de cierto.
Para ubicarnos en el tiempo cronológico e histórico: Alicia nació en el año 1925, en el hogar de una familia acomodada, de clase media-alta. Incluso por parte del padre (Ramón Eguren Gerrico), Alicia tiene vínculos con algunas familias tradicionales de la Argentina, con familias de la burguesía terrateniente. La familia Eguren era una “familia oligarca”.
Desde muy joven. Alicia comenzó a manifestar marcadas inclinaciones literarias y políticas. Su primera militancia, en la adolescencia, se desarrolló en un grupo nacionalista. Un grupo con las características propias del nacionalismo de la década del 40: de derecha y muy permeado por un programa político católico. La única excepción en ese panorama era el grupo FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina), que provenía del radicalismo, y que tenía otro perfil, diferente al de los nacionalismos de derecha, un perfil ideológico-político más democrático y antiimperialista. Pero, aun así, FORJA también era parte de ese universo nacionalista, porque leían los mismos libros, participaban de los mismos ámbitos de discusión. Imagínense ustedes las sensaciones y las reacciones que podían causar en esa época la presencia de una mujer, joven, en grupos nacionalistas con ese perfil. No era común que una mujer militara en grupos vinculados a la Alianza Libertadora Nacionalista (ALN). Ahí, también estaba, por ejemplo, un joven Rodolfo Walsh, que es de la misma generación de Alicia. También Jorge Ricardo Masetti.
Después, Alicia se convierte rápidamente al peronismo. Está en la plaza el 17 de octubre de 1945. Ella va a decir, años más tarde: “nosotros fuimos peronistas antes de que el peronismo naciera”. Peronista de la primera hora, peronista prehistórica. No tiene una actuación política destacada en esos primeros años del peronismo porque estaba más embarcada en proyectos literarios. Por cierto, a fines de la década del 40, con apenas 25 años, Alicia va a codirigir una revista cultural muy importante del peronismo que fue la revista Sexto Continente.
Antes, hay un dato importante, Alicia se recibe de Doctora en Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA), y tiene un paso por la docencia muy fugaz. Después lo retomará, pocos años más tarde. Pero en 1947 concursa para un cargo en la Cancillería, gana y es designada Segunda Secretaria de la Embajada argentina en Londres. Creo que es el miembro (“la miembra”) más joven de un cuerpo diplomático en la historia de toda la diplomacia argentina. Tenía 23 años en ese momento. Y se va para Londres nomás.
La misión de Alicia en Londres da para una película, porque ella tenía que lograr que un conjunto de científicos alemanes –muchos de ellos o colaboradores del régimen nazi o que habían trabajado con los nazis– se vinieran para la Argentina, porque eran científicos cuyos saberes eran considerados “estratégicos” de cara al desarrollo nacional. Entre otros, el que llega al país a partir de estas gestiones de Alicia fue Kurt Tank: la gran estrella del diseño de una fábrica de aviones, la Focke-Wulf. Kurt Tank y los otros científicos eran especialistas en este tipo de cosas vinculadas a la industria y a la defensa nacional. Cosas que, para la Argentina, en el marco del plan de desarrollo industrial que el peronismo impulsaba, eran muy importantes. Muchos de esos científicos se habían ido ya a los Estados Unidos. La misión de Alicia era tratar que estos científicos vinieran para la Argentina, ofreciéndoles las mejores condiciones.
En Inglaterra, en Londres, Alicia se casó con Pedro Catella, que era Cónsul Adjunto de la Embajada argentina. Su matrimonio no duró demasiado tiempo. Se separaron a los pocos meses. La incompatibilidad de caracteres era absoluta. Alicia decide regresar a Buenos Aires en el año 1948. En noviembre de ese año, nació su hijo Pedro. Paradojas de la historia nacional: Alicia parirá a Pedrito en el hospital Naval.
Pero, más allá de vínculos tangenciales con la actividad política, podría decirse que hasta el año 1955, Alicia fue una “intelectual” del peronismo. Así lo reconoce Juan José Hernández Arregui, en la lista de intelectuales peronistas que confecciona en su libro La formación de la conciencia nacional, cuya primera edición data del año 1960. En una nota al pie aparece Alicia Eguren. Ella era muy joven, y además de la codirección de Sexto Continente, ya había publicado algunos libros de poesía. Seguramente, a la hora de confeccionar su lista, pesó en Hernández Arregui el protagonismo de Alicia en los años de la Resistencia Peronista y durante el período 1955-1959.
Algo que no comenté y que me parece muy relevante. En los años estudiantiles, Alicia tuvo una relación personal que fue muy importante para ella desde el punto de vista político e intelectual, una relación no exenta de ribetes escandalosos. Alicia tiene un particular vínculo con un sacerdote, el padre Leonardo Castellani, un cura escritor, de la orden de los Jesuitas. Un tipo muy extraño este Castellani. Un tipo nacionalista, muy de derecha, pero, al mismo tiempo, antitomista. La filosofía en boga en aquellos años, sobre todo en ambientes conservadores y católicos, era el tomismo y Castellani era un especialista en la obra y el pensamiento Søren Kierkegaard, teólogo y filósofo danés, luterano, precursor del existencialismo. El cura Castellani militaba en una organización que agitaba la consigna “alpargatas sí, libros no” mientras vivía tapado de libros. Un tipo que fue nombrado en la década del 70 Profesor Honoris Causa de la UBA por el rector marxista Rodolfo Puigróss. Un tipo que era amigo del escritor Haroldo Conti, y que, de hecho, fue el único que denunció la desaparición de Haroldo en uno de los famosos almuerzos con el dictador Jorge Rafael Videla. Ese era Castellani. Alicia y Castellani sostienen una relación “amistosa” que, en su momento, causó mucho alboroto en la pacata clase media porteña de los años 40, dado que ella era una joven estudiante y el cura un hombre que promediaba la cuarentena. En verdad no conocemos los alcances de esa relación, pero si podemos deducir cierta fascinación del cura por Alicia. Castellani, además, tenía un estilo sumamente provocador. Esto le generó grandes problemas. Fue expulsado de la orden de los Jesuitas. No por el vínculo con Alicia, en particular, sino por desobediencias en otras materias, de fondo “dogmático”. Comento todo esto, solo para tener presente que, tempranamente, la figura de Alicia aparece relacionada con el escándalo y la trasgresión. Pero también porque considero que el cura influyó intelectualmente en Alicia.
Cabe señalar que la intelectualidad peronista de la década del 40 era tildada, por la intelectualidad liberal (de derecha o izquierda), como de “segunda categoría”. Se usaba un término despectivo para nombrarla: intelectuales “Flor de ceibo”. Flor de ceibo era una segunda marca de productos de primera necesidad auspiciada por el Estado. Alicia fue colocada en ese lugar: una intelectual flor de ceibo. No tiene demasiado sentido discutir esta calificación porque está cargada de elitismo y, además, resulta inexacta desde la misma óptica ilustrada e iluminista que la enuncia.
En los años 40 Alicia participa de los talleres que organizaba Héctor Murena, un profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Murena fue el introductor en la Argentina de la Escuela de Frankfurt: Teodoro Adorno, Max Horkheimer, Walter Benjamín, etc. De hecho, fue el primer traductor argentino de Adorno y Benjamin. La joven Alicia también estaba vinculada a ese mundillo. Una de las compañeras con las que Alicia compartió los talleres de Murena fue Susana “Pirí” Lugones. Esto lo cuenta María Seoane en su libro Bravas (2014).
El año 55 es un año clave en la vida de Alicia, como lo fue en la vida de muchas y muchos, peronistas y no peronistas. Los bombardeos de junio son un punto de inflexión: vio en directo la barbarie de la clase dominante argentina, tomó conciencia de lo que es capaz de hacer esta clase para defender sus privilegios. En esa circunstancia Alicia, la poeta, la agitadora cultural, la intelectual, se convierte en un cuadro político. En ese momento exacto Alicia lo busca a Cooke, que había sido nombrado interventor del Partido Peronista de la ciudad de Buenos Aires y que despuntaba como el representante del ala más combativa del peronismo, antes del golpe del 55. En ese contexto nace el vínculo entre ellos. En las cartas de Alicia hay datos sobre cruces y encuentros anteriores. Cooke hace referencia a una ocasión en que la salen, no recuerdo de qué actividad, y que él lleva a Alicia hasta su casa en un auto. Dado que iban con otras personas, Alicia no lo registró a John. Pero John sí la registró a ella. En otra carta Alicia dice que ella quedó deslumbrada con una conferencia que dio el joven diputado Cooke en el año 46. Él tenía 26 años, Alicia era un poquito más joven, tenía 20 años. Cuenta Alicia que quiso hablarle a John después de esa charla que tuvo lugar en el Centro Universitario Argentino (CUA), vinculado a FORJA, pero que no se atrevió. Alicia también recordará que una vez lo vio a John en un teatro, entre el público, y que, en un rapto inexplicable, decidió ir a buscarlo a la salida y que no lo encontró. La obra que se representaba, no fortuitamente, era Judith. Una obra del dramaturgo Friedrich Hebbel, basada en el texto del Antiguo Testamento.
Rápidamente les cuento la historia de Judith. Esta mujer piadosa, para salvar a su pueblo, el pueblo de Israel, consiente en acostarse con Holofermes, general del ejército opresor. Ella realiza un juego de seducción (no queda del todo claro lo que pasa en la cama, cuanto avanzan en la acción sexual), pero cuando el tipo está, digamos: “ardiente y distraído”, ella le corta la cabeza. Esa famosa imagen de la mujer exhibiendo la cabeza cortada de un hombre es la de Judith. Le corta la cabeza al machirulo de Holofermes, general asirio a las órdenes de Nabucodonosor II, uno de las tantas naciones con las que Israel tenía conflictos. Alicia se parece a ese personaje bíblico. El libro de Judith dio lugar a interpretaciones morales sobre la conducta de la heroína. Una mujer que “se corrompe” (y enfatizo el entrecomillado) para salvar a su pueblo. ¿Eso está bien o eso está mal? Grandes debates se dieron en torno a la actitud de Judith. Lo concreto es que le corta la cabeza al opresor y salva a su pueblo. Para mi no hay mucho para discutir.
Retomo. Más allá de los escarceos previos, la relación de Alicia con Cooke comienza en el 55. Y es un romance en toda la línea. De hecho, hay unos días que pasan juntos en la más absoluta clandestinidad y que siempre recordarán como “los días del idilio”. Son los días posteriores a la caída de Perón. Inician allí una convivencia, en la clandestinidad. Cuando Cooke cae detenido por una delación, a los pocos días, también cae Alicia.
En esos días, en la ciudad de Buenos Aires, en las estaciones de subte, aparecen carteles con la cara del Bebe y de Alicia, con la palabra “buscados”. Ya se los presentaba como una pareja política. Era una especie de western lunfardo: “wanted. Cash reguard…”. En ese momento Alicia comienza a convertirse en una figura clave de la resistencia peronista. Como John, ella también será un emblema de la resistencia peronista. Por cierto, ella pasará más tiempo presa que John. Es la persona, incluyendo hombres y mujeres, que más tiempo está detenida durante la Revolución Libertadora, luego devenida Fusiladora. Perón se entera de eso y en unos de sus libros, La fuerza es el derecho de las bestias (1956), hay un párrafo dedicado a la “Doctora Eguren”. En ese momento, además, empieza a trascender la conducta de Alicia frente a sus captores, especialmente frente a los marinos.
Debemos tener presente que Alicia cae, de algún modo, porque operan a su hijo de adenoides. Otra vez la dialéctica de la maternidad y la militancia. Operan a Pedrito y ella lo va a ver a la noche, después de la operación, violando lo que las normas de seguridad más elementales aconsejaban. Hay un operativo conjunto de diversas fuerzas militares y de seguridad. Rodean la manzana de la casa de la calle de Castro Barros, en el barrio de Boedo (la casa de sus padres) y por altoparlante le dicen que tiene que salir. Alicia intenta fugarse por las terrazas. Imposible. La capturan. Va a dar la cárcel.
Las condiciones que Alicia padece en la cárcel son durísimas. La pasa muy mal, con la salud quebrantada. Su actitud intransigente frente a los represores hace que estos comiencen a llamarla “la temeraria”. Desde el 55 sabrán muy bien quién es Alicia. No lo olvidarán veinte años más tarde. Ella ya estaba en la mira de los represores desde el año 55. La militancia popular, quienes formaban parte del universo de la resistencia peronista, la empiezan a llamar: “Alicia de la patria”. En esos años adquiere un gran prestigio.
En ese momento intenta, desde la cárcel, a través de diversos medios, incluyendo una carta a Perón, favorecer la posición de Cooke frente a otros personajes que intentaban congraciarse con Perón. De algún modo, cuando Cooke es nombrado delegado por Perón, ella comienza a actuar como una especie de subdelegada. Es muy difícil separar la delegación del Bebe de las funciones que cumple Alicia. Alicia está presente todo el tiempo y fue clave en algunas decisiones. Eso generó grandes problemas entre ellos. Al punto de que, en un momento, John la desautoriza. Le pide que por favor no tome decisiones sin consultarlo a él, le dice que, en las cuestiones políticas, él va a tener la última palabra.
Leo, como para tomar contacto más directo con su personalidad, lo que le responde Alicia a John después de la desautorización:
Por sus expresivas palabras he sabido, me he enterado de lo que una dirigente peronista no debe hacer. Pero, por mi conducta de un año, las dirigentes y los dirigentes peronistas se han enterado de sus obligaciones y de lo que significa la dignidad. Le quedo muy agradecida por su notificación de que yo puedo enviar cartas cordiales a cierta gente y a título puramente personal. No lo sabía.
Continúa más adelante:
Usted me ha ofendido desmesuradamente, porque terrible y total es el amor que usted me inspira. Si lo tuviera cerca le daría tantas patadas que quedaría irreconocible. Yo lo voy a curar de su desplante de soberbia, macho, y le voy a enseñar a que me respete políticamente ni un centímetro menos de lo que me respeta hormonalmente.
(Carta de Alicia Eguren a John William Cooke, Olmos, s/f, noviembre de 1956. En: Fondo Cooke-Eguren la Biblioteca Nacional).
Así era Alicia. Claramente, ejercía una subdelegación.
Además, en esos años, Alicia intenta reorganizar la rama femenina y convertirla en una organización para la lucha y para el combate político. Eso le generará muchos conflictos, básicamente con Perón y con las viejas dirigentes de la rama femenina. Alicia quería promocionar a las dirigentes de base, a las militantes jóvenes y correr a las viejas jerarcas del peronismo que habían sido diputadas y funcionarias y no tenían experiencia de militancia popular, en fábricas, barrios, etcétera. La acusan de utilizar “métodos bolcheviques” —aparece esa palabra—. Alicia no tiene éxito en su tarea, entre otras cosas porque el propio Perón interviene para desalentar sus iniciativas.
En relación al tema de la participación política de las mujeres del peronismo, lo interesante es que Alicia (si bien reconoce que Eva Perón impulsó la participación de las mujeres y destaca el significado histórico de su figura), entiende que el tipo de intervención de las mujeres promovido por el peronismo consistía en una participación despolitizada que relegaba a las mujeres a roles secundarios.
La figura de Eva Perón, por sí misma, podía llegar a inspirar actitudes trasgresoras, pero, en concreto, otras lógicas y prácticas del peronismo no lo hacían. Alicia tiene un texto: “Solo la verdad nos hará libres. El día del renunciamiento y otras infames patrañas”, de septiembre de 1971, publicado en Nuevo Hombre. Se trata de un artículo en donde hace un análisis del Cabildo Abierto del 22 de agosto del año 51. Allí la CGT y otros sectores piden la candidatura de Eva a la vicepresidencia de la Nación y se da esa situación de tira y afloje en la que ella termina por no aceptar ese cargo: el “renunciamiento histórico” de Evita. Alicia dice no. No fue un renunciamiento sino una derrota política. De algún modo, ese día Evita quiso traspasar un umbral, quiso salirse del rol de la plebeya ofendida e indignada que le habían asignado para convertirse en jefa de facción. Ahí, la sociedad patriarcal (y burguesa) le puso un freno. Hasta allí la dejaron llegar. Entonces, también tenemos que destacar el papel fundamental de Alicia (y de John, claro) en la construcción del “mito Evita”, de la figura rebelde y contestataria de Eva Perón: esa será la Evita de los 70. Pero, vale aclarar, en los 50 esa la imagen todavía no estaba tan claramente delineada.
Otros datos que me parecen importantes y que no mencioné: Alicia también participa del famoso Congreso de Filosofía del año 49, —vamos para atrás— que fue un hito muy importante de la filosofía nacional y del que participaron más de 200 personas. De ese total, solo había 10 mujeres. Una es Alicia. Es la única mujer relatora del Congreso de Filosofía.
En el 57, Alicia sale de la cárcel. En realidad, se fuga. Acá hay también otro elemento a destacar. Se habla mucho de la fuga famosa de Cooke del penal de Río Gallegos, una fuga cinematográfica, de hecho, hay una película. Pero Alicia también protagoniza su propia fuga. Las cosas fueron así: los dictadores le dan la opción de salir del país. Ella plantea que hasta que John no saliera en libertad, ella no iba a aceptar su propia liberación, por solidaridad con su compañero. Cuando John se fuga, considera la alternativa de la salida. Querían deportarla a España y enviarla en avión. Alicia hace lo imposible para demostrar que no está condiciones de viajar en avión, que tienes problemas en el oído, etc., y que tiene que viajar a España en barco. Entonces se embarca a España, pero sabiendo que el barco, el Lumiere, hacía una parada técnica en Montevideo. Cuando el barco atraca en Montevideo, en connivencia con algunos miembros de la tripulación y algunos amigos que estaban esperándola en el puerto, ella se escapa. Alicia también se fuga. Además, se fuga sola. No se fuga con seis compañeros o seis compañeras. Se fuga sola. De Montevideo, va a Chile, allí se reencuentra con Cooke. Y de ahí, viaja, antes que Cooke, a Caracas para entrevistarse con Perón. O sea de ese tándem político, Alicia es la primera que ve a Perón, cuando Cooke ya es delegado; y es la que le lleva el Plan de Acción elaborado por Cooke, el mismo que aparece en la Correspondencia Cooke-Perón – Perón-Cooke. Cooke viajará a Caracas poco después.
Alicia y John forman parte del círculo íntimo de Perón en esos años, en el año 58, en Caracas y en Ciudad Trujillo. Ahí es cuando también empiezan las diferencias con Perón, sobre todo después del año 59, después de la toma del frigorífico Lisandro de la Torre. Cooke es desplazado y Alicia también. Él deja de ser el delegado, ella deja de ejercer la subdelegación de facto, esa especie de subcomandancia.
Ahí empieza otra historia. Rápidamente Alicia y John viajan a Cuba. La revolución acababa de triunfar. Tengamos presente que, en Argentina, las primeras marchas a favor de la Revolución Cubana, fueron en la Avenida Santa Fe, en pleno Barrio Norte. La clase alta, la burguesía porteña leía la Revolución Cubana en clave “democrática”, “republicana”. Como un proceso político liberal que derribaba a un feroz dictador. Después, se supo, se trataba de algo muy diferente. Lo de derribar a un feroz dictador era cierto. Pero no se trataba de un proceso político liberal. Tempranamente, Alicia y el Bebe captan el significado de la Revolución Cubana, perciben lo que estaba en juego en Cuba. Se instalan en la isla y se convierten en los principales colaboradores del Ernesto Guevara. De algún modo se erigen como los eslabones argentinos del plan continental del Che. En esos años trabajan codo a codo con el Che.
¿Qué es lo que lleva a esa ruptura con Perón? ¿Cuáles son las diferencias de Alicia y John con Perón? Ella y él entendían que el peronismo, como movimiento policlasista, había agotado sus posibilidades. Ya decían eso en el año 52. Consideraban que, si el peronismo no se radicalizaba políticamente, podía tener un final inglorioso. Entendían que el frente de clases del año 45 estaba agotado desde el 52. Que los componentes de ese frente habían cambiado, que sus intereses y sus objetivos no eran los mismos. La burguesía nacional ya no era la del 45. Era, cada vez más, una burguesía sometida a procesos de transnacionalización, mucho más interesada en asociarse al capital monopólico transnacional que en insistir en una línea de desarrollo nacional autónomo. El ejército tampoco era el del 45. Devenido en ejército pentagonal, cada vez más moldeado por la doctrina de la seguridad nacional, cada vez más vinculado a otros proyectos reaccionarios y pro-imperialistas. Por lo tanto, el peronismo, si pretendía seguir siendo una fuerza popular, no podía reivindicar ese frente y aspirar a reeditarlo. Debía romper ese frente, armar otro con un componente más popular y radicalizarse políticamente. Cuba, de alguna manera, exponía esa deriva ideal: un movimiento de liberación nacional que devenía en fuerza política anticapitalista. Era lo que Alicia y John querían. Es decir, no es que descubren en la Revolución Cubana un camino original, nuevo, por el contrario: Cuba es la constatación de algo que ellos ya habían pensado, que ya habían soñado. Estas posiciones se pueden seguir en los documentos, en las cartas, etc. Desde antes del 59, todo conducía a Alicia y al Bebe a la Revolución Cubana. Todo estaba dado para que esta contara con su apoyo incondicional y entusiasta.
A partir de ese punto de inflexión, también cambian los interlocutores. Alicia y John apoyan el intento guerrillero de los Uturuncos. Alicia era la encargada de la logística de los Uturuncos. En el fragor de esa experiencia, comienzan a relacionarse con distintos sectores de la izquierda, con grupos que provienen de Palabra Obrera. Por cierto, Alicia participa de un Congreso de la Palabra Obrera, en el año 56. Tienen vínculos estrechos con grupos desprendidos del frondizismo que conforman el MALENA (Movimiento de Liberación Nacional). También hay contactos con el PCA (Partido Comunista Argentino). En fin, de a poco Alicia y John comienzan a generar eso que después terminará siendo el peronismo de izquierda, el peronismo revolucionario, la izquierda peronista. De alguna manera, Alicia y el Bebe son como los precursores de ese espacio ancho y heterogéneo.
Desde Montevideo, organizan lo que en esa época se llamaba “reclutamiento”: era la formación militar y política de cuadros que se hacía en Cuba. La primera persona con la que se topaban las argentinas y los argentinos que llegaban a Cuba a recibir instrucción militar y formación política, la primera persona que veían en el aeropuerto, era Alicia. Alicia solía ser también el primer contacto en Montevideo.
Alicia también contribuye con la logística del Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP) de Masetti. Aunque, vale aclararlo, ni ella ni John estaban de acuerdo con esa acción y se lo hace saber al Che. Existen testimonios de que tanto John como Alicia cuestionan esa operación, la desaconsejan, con argumentos políticos sólidos y sensatos. Aun así apoyan a quienes se embarcan en el proyecto que, como sabemos, termina muy mal, trágicamente. Y después organizan toda la solidaridad para con las familias y los sobrevivientes. Alicia, y el abogado Gustavo Roca, se van encargar de la defensa de los sobrevivientes. Si bien Alicia adhiere a la lucha armada, es una crítica del foquismo; se nota en sus cartas, se puede demostrar a partir de documentos, no una especulación mía. Ella priorizaba otras formas de lucha y le asignaba a lo militar un lugar subordinado en el marco de una estrategia amplia.
En el año 63, Alicia, con el Bebe, es cofundadora de Acción Revolucionaria Peronista (ARP). Por ARP, desde el 63 al 66 más o menos, o un poquito más tal vez, pasan una gran cantidad de militantes que luego serán dirigentes, cuadros político-militares, referentes de las diversas organizaciones revolucionarias de fines de los 60 y principios de los 70. Por ARP pasan Fernando Abal Medina, Norma Arrostito, Amanda Peralta, Raimundo Villaflor; en fin, la lista sería muy extensa. O sea, en ARP se forman las y los futuros militantes de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), de Montoneros, del Partido Revolucionario de los Trabajadores–Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP). ARP fue, sin dudas, una gran escuela de formación política revolucionaria, una escuela cookista-egurenista.
En el 68 muere el Bebe. Para Alicia es un gran cimbronazo porque, además, en el 67 había caído el Che en Bolivia, en realidad: había sido asesinado. Son dos pérdidas terribles. Ella sigue siendo la principal referente de ARP, pero su liderazgo comienza a ser cuestionado. Se da una discusión interesante, sería imposible detenernos ahora en eso por una cuestión de tiempo, pero después de la muerte del John se produce en ARP una especie de discusión sobre el liderazgo femenino, sobre el mando femenino, algo que excede la figura de Alicia.
Pero, al margen de las cuestiones internas, hay otras circunstancias que hacen que esa organización se desgrane, que sus militantes migren a las FAP, a las FAR, después a Montoneros y al PRT-ERP. Es decir, hay una profunda crisis política en ARP, relacionada con la cuestión de la lucha armada y las condiciones y modalidades para iniciarla.
Alicia quedará como una figura muy respetada, una referencia política revolucionaria insoslayable, desvinculada de cualquier orgánica, pero al mismo tiempo con vínculos estrechos con un abanico amplio de organizaciones y grupos. Creemos que esto fue así, entre otras cosas, por su rol como formadora política de una camada de militantes y cuadros.
Entonces, ¿qué hace Alicia después de la muerte del Bebe? Bueno básicamente juega el rol de una personalidad política independiente del peronismo de izquierda, del peronismo revolucionario, de la izquierda peronista, que busca la articulación de distintos sectores al interior de ese peronismo y de ese peronismo con la izquierda no peronista. Ese es el papel que va a jugar en esos años. El de una figura independiente, no comprometida orgánicamente con un grupo particular. Aunque ella tenía su mesa de discusión donde estaban Rodolfo Ortega Peña, Raimundo Villaflor, y Eduardo Luis Duhalde -Duhalde el bueno-. Ese era su ámbito de discusión política más íntimo. Probablemente las FAP hayan estado ideológicamente más cerca del cookismo y del egurenismo, por lo tanto, no es raro que Alicia haya estado allí. Pero también sostenía relaciones periódicas -esto lo habrá contado Luis Mattini cuando estuvo aquí, en la Cátedra- con el PRT-ERP. No olvidemos que las y los conocía a todas y todos de ARP o de Cuba, donde ella había sido instructora.
A comienzos de la década del 70, Alicia va a tener una activa participación periodística, tal vez la más importante en toda su vida. Durante más un año y medio publicará casi quincenalmente artículos políticos en Nuevo Hombre, artículos más bien de coyuntura. Escribe algunas cosas sobre el Che, sobre el Bebe. Escribe, con un estilo muy particular, con un estilo muy poético, lo que denota que Alicia, antes que nada, era poeta.
En esos años también viaja seguido a Chile. Ella había acompañado a Allende en toda la campaña del 64, en la que no gana. Y después vuelve a estar con él en la campaña del 70, cuando sí gana las elecciones presidenciales. La gira del 64, Alicia la hace completa. De esa gira hay documentos como los mencionados Poemas a Salvador.
En ese contexto se produce el encuentro de Alicia con Pablo Neruda. Hay un bello testimonio del escritor español Luis María Anson sobre Alicia, de cuando estuvieron en la casa del poeta, en Isla Negra. También participaron de esa reunión el poeta brasilero Thiago de Mello y la escritora argentina Iverna Codina, mendocina, que más tarde fue considerada como una precursora del boom literario que luego sería protagonizado por escritores (hombres) como Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, entre otros.
Básicamente esa fue la función de Alicia en esos años. Tejedora. Articuladora política de un frente popular y revolucionario. Y sostiene esa función en el tiempo.
Alicia no ve con buenos ojos la candidatura de Cámpora, por lo menos no en un primer momento. Entiende que en el 72, en la Argentina, había una situación pre-revolucionaria y consideraba que la candidatura de Cámpora era un retroceso, que era como dar marcha atrás. Apuesta a una salida insurreccional. Pero, a pesar de la situación de auge masas, puede que tampoco haya habido condiciones para eso. Es un tema para discutir.
Poco después, Alicia percibe que en torno a la candidatura de Cámpora comenzaba a conformarse un espacio con un contenido más crítico, más disruptivo, y allí decide colaborar. De hecho, ella también elabora una propuesta para el retorno de Perón. Tenía un plan para convertir el regreso de Perón en una situación revolucionaria.
En las cartas a Perón y a otras figuras como Righi, Alicia plantea la tensa convivencia de Perón con el mito Perón. Dice que el regreso de Perón podría hacer que el Perón real arruinase al mito Perón. Alicia, como se puede apreciar, estaba en todos los detalles. Le pide encarecidamente a Cámpora que trate de evitar que Perón se tome fotos con personeros de la burocracia sindical, porque eso iba deteriorar al mito. Algo imposible, claro. Pero Alicia teme por todo lo que puede arruinar el mito, comenzando por el propio Perón. Ella cuida al mito, la salud del mito. Porque entiende que el mito puede servir a la revolución más que el personaje de carne y hueso. Le dice a Perón: mire, usted no es usted, usted es otra cosa, usted representa algo más importante que usted mismo, no lo arruine por favor, no arruine eso que representa. Obviamente, Perón lo arruinará todo, y del peor modo, con la masacre incluida, en Ezeiza, el 20 de junio de 1973.
A partir de Ezeiza la situación de Alicia se torna mucho más crítica. Está la famosa frase de Alicia a las y los jóvenes de la juventud peronista que, después de Ezeiza, comenzaron a plantear la “teoría del cerco”. La idea de que Perón, inocente y bien intencionado, estaba cercado por una burocracia y que no podía establecer un vínculo directo con su pueblo. Alicia les dice a estas y estos jóvenes: “cuando salten el cerco va a estar Perón esperándolos con una ametralladora para cagarlos a tiros”. Y no se equivocaba. Tenía razón.
Después de la muerte de Perón, el 1º de julio de 1974, y ya con Isabel Martínez de Perón y la Alianza Argentina Anticomunista (la Triple A) en el poder, la situación se torna muy complicada y ahí es donde Alicia, decide a jugar más fuerte, políticamente hablando, en un armado de tipo frentista. Allí es cuando nace el Frente Antimperialista por el Socialismo (FAS). Desde mi punto de vista, es una de las experiencias frentistas de la izquierda argentina y de los sectores populares argentinos más importantes de nuestra historia. No podría mencionar otra con tanta relevancia. Ahí estaban los sectores de la izquierda peronista, el PRT-ERP y los sectores del sindicalismo combativo: Tosco, los curas del Tercer Mundo, el movimiento campesino indígena. O sea, realmente, si uno ve en detalle las organizaciones que participan del FAS, se encuentra con un universo político amplio, diverso, con mucha potencia y muy radical. Alicia es la principal oradora en todos los congresos. Es “la figura” del FAS, una de sus caras más visible. ¿Por qué? Porque, de alguna manera, ella representaba la síntesis de todo lo que allí se reunía. Cabe, entonces, una hipótesis: Alicia fue la mujer que mejor sintetizó esas diversas corrientes revolucionarias de los años 60 y 70, que incluían al nacionalismo-popular y al nacionalismo revolucionario, a sectores del peronismo, pero también del cristianismo vinculado a la teología de la liberación, del marxismo heterodoxo, del leninismo, el maoísmo, el guevarismo, etc. Alicia logró representar esa mixtura ideológica, radical y potente, esa síntesis de sentidos transformadores y revolucionarios. Esta es la hipótesis que planteo en mi libro Alicia en el país. Apuntes sobre Alicia Eguren. Justamente por esa hipótesis, no puedo evitar sentir que he cometido un descuido y una injusticia al no haber dado cuenta de este personaje histórico antes.
En cercanías del golpe de Estado de marzo de 1976, Alicia se diferenciaba de otras y otros militantes, quienes consideraban que después de Isabel, y después de la Triple A, el golpe de Estado no podía ser tan terrible; que, a lo sumo, sería como en el 66, con efectos parecidos; o que no podía haber nada peor que José López Rega e Isabel. Alicia, en cambio, no estaba de acuerdo con esta mirada cándida.
De hecho, ya en el 71, en el artículo “De la guerra sucia a la guerra mugrienta”, publicado en Nuevo hombre, Alicia se detiene, muy conmovida, en el asesinato en Mar del Plata de la estudiante Silvia Filler, de 18 años, judía, a manos de un grupo de ultraderecha, la Concentración Nacional Universitaria (CNU), muy activo en esa ciudad y en La Plata. Alicia vislumbra, tempranamente, una respuesta terrible de las clases dominantes, de una escala inédita y desproporcionada. Alicia era consciente de que, en Argentina, estaban surgiendo entramados represivos que, amparados por el Estado o asimilados por el Estado, iban a dar como resultado una cosa monstruosa. O sea, ella pudo prever lo que se avecinaba.
Aún así, no era pesimista, no hasta muy tarde. En una carta a su hijo Pedrito, del año 76, Alicia le cuenta de los desastres militares de las organizaciones revolucionarias; el PRT-.ERP en Monte Chingolo, por ejemplo. Hace referencia a otros errores militares gravísimos y, por ende, graves errores políticos. Pero ella le decía que, a pesar de esto, las organizaciones no paraban de crecer.
Alicia crítica el ofensivismo abstracto de algunas organizaciones revolucionarias. Su idea de la guerra popular iba por otro lado. Puede que en sus concepciones sobre esta materia haya influido el vínculo con Abraham Guillen, un viejo republicano español, militar, que se fugó de una cárcel franquista, que pasó por Francia y apareció en la Argentina como profesor de la Facultad de Derecho para convertirse en amigo y colaborador de Cooke a principios de la década del 50. Esa relación con Cooke, se extenderá luego a Alicia. Guillén será el asesor militar de los Uturuncos. Luego viajará a Cuba también, y tendrá algunas diferencias con el Che. Más tarde se vinculará a los Tupamaros, en el Uruguay.
Guillen decía que, en una guerra popular, el comandante que lanza ataques ofensivos es un vendedor de sangre. Así de rotundo era Guillen. Probablemente la concepción de la lucha armada de Alicia haya estado más cerca de esa visión. Algo de esto se puede apreciar en su crítica al ofensivismo abstracto de algunas organizaciones revolucionarias, en su oposición a las guerras de aparatos, al “duelismo”, etc. Algunas y algunos militantes de los 60 y los 70, eran conscientes de que, cuando una organización popular se convertía en un ejército con grados, jerarquías, uniformes, etc., corría el riesgo de dejar de ser una organización popular. Que podía transformarse en lo que no era y no debía ser. Pero, insisto, Alicia no deja de notar que las organizaciones revolucionarias, a pesar de los errores gravísimos cometidos desde el punto de vista militar, con graves costos de vidas también, de militancia, igual crecían. Como señalaba antes, en 1975 le escribe a Pedro, ¡por dios!, ¡crecen igual!
El FAS, de plantearse la revolución y el socialismo, pasa a proponer un frente antifascista. Fíjense ustedes cómo van cambiando los tiempos. En muy poco tiempo, en dos años vertiginosos, de las consignas centradas en la revolución y el socialismo se pasa a otras que hablan de la necesidad imperiosa de un amplio frente democrático. No quedan afuera de este llamado los partidos tradicionales: por ejemplo, el Partido Intransigente (PI), liderado por Oscar Alende, el PCA, entre otros. Había una organización que se llamó Encuentro Nacional de los Argentinos (ENA), que junto al PI y al PCA, nucleaba al Frente Justicialista de Liberación Nacional (FREJULI), que había sido el frente electoral que encabezaron primero Cámpora y luego Perón. Alicia fue vicepresidenta de ese armado frentista bien amplio, pero por poco tiempo, porque el presidente de esa organización, que se llamaba Jesús Edelmiro Porto, no cuestionará las leyes represivas impulsadas por Perón durante su último gobierno. Como Alicia se opone a esas y otras iniciativas de Perón, la terminan echando del ENA. Escribe una carta, cargada de ironía, donde dice algo así como: “ustedes me están echando porque defiendo los principios que uds. proclaman”.
Cuando se produce el golpe, en marzo de 1976, todas y todos le dicen: —Alicia vos te tenés que ir. Ella, antes del golpe, hizo algo que en sus propios términos era incorrecto. Algo que en su propia lógica no era aceptable. Había salido en gira política por América Latina. Recorrió varios países junto a su hijo. Pasan por Panamá, van Jamaica, a Kingston, todo eso lo cuenta Pedrito. Hacen un largo recorrido para llegar, finalmente, a Cuba.
Alicia acuerda con funcionarios del Departamento América que Pedro permanezca un tiempo en Cuba, mientras ella regresaba a la Argentina. El acuerdo establecía, además, que a Pedro no le entregarían el pasaporte en caso de que pretendiera regresar a la Argentina. Ella les dice a los cubanos “mi hijo no sale de Cuba”. Ella se vuelve a la Argentina. Cuando Pedro se entera que Alicia había sido secuestrada, intenta volver y los cubanos no le dan el pasaporte. No lo dejan salir. En el código de Alicia eso no era correcto. ¿Primó eso que se suele denominar “instinto maternal”? No lo sé. Pero intuyo que hay algo del orden de lo maternal que podría explicar el gesto de Alicia.
Alicia estaba en la mira de los represores desde el año 55, o sea que difícilmente iba a tener chances de sobrevivir. Pero no se va del país. A partir de determinado momento ya no vive en su departamento, ni en la casa de sus padres, o en la casa de amigas y amigos, compañeras y compañeros. Pasa la noche en hoteles, sin registrarse. Llega muy tarde y se va muy temprano.
La embajada de Cuba y el gobierno cubano con Fidel a la cabeza, intervienen directamente. Planifican un operativo para sacarla de Argentina que supervisa el mismo Emilio Aragonés Navarro, el mismo que había rescatado al Che del Congo. Nombran especialmente a una persona en la embajada argentina, Raúl Coll, como encargado de sacar a Alicia del país y de llevarla a Cuba. Tenían toda la infraestructura. La embajada cubana la sacaba del país, le daba plata, pasaporte, todo. Pero Alicia se negaba. Decía que el pasaporte no le parecía confiable, que ella creía que podía conseguir un pasaporte legal. Al mismo tiempo, cuando le decían: “ya está, salimos”, ella decía “no, tengo un problema con un departamento que quiero resolver antes de partir”. Siempre ponía alguna excusa. Eso hizo sistemáticamente durante el año 76 hasta el 77. Alicia es secuestrada en la vía pública el 26 de enero del 77. Hay una carta de la semana anterior, su última carta, una carta a su hijo, una carta manuscrita con una letra difícil de decodificar, casi ilegible, una letra desgarradora, y es la única carta donde Alicia es pesimista. Por que a pesar de todo, en las cartas anteriores, si bien reconocía que estaba todo mal, muy mal, confiaba en recomponer las cosas en un par de años. En esta última carta no. Alicia aparece devastada. Dice que hace falta un poeta para contar como, en Argentina, se chapotea en sangre. En esa carta le dice a su hijo que está dispuesta a salir del país, que evalúa seriamente esa posibilidad.
En enero de 1977 Alicia intentaba tramitar un pasaporte en el departamento de policía, ingenuamente. El encargado de gestionarle el pasaporte “legal” era el abogado radical Domingo Angelucci, cuando este va hacer el trámite, es detenido en el mismo Departamento Central de la Policía en la calle Belgrano. Él está desaparecido también. No lo sabemos, pero es probable que bajo tortura haya delatado el lugar donde estaba Alicia esperándolo, posiblemente en un bar a escasas cuadras.
Alicia, después de ser secuestrada en la vía pública, como detenida-desaparecida, va a permanecer con vida en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) durante tres meses aproximadamente. Existen varios testimonios que afirman haberla visto allí. Por lo que significaba Alicia era un “trofeo de guerra” para los represores. Aunque se ensañaron bestialmente con ella, sometida a torturas, con grilletes que la laceraban, la actitud de Alicia en la ESMA fue de una entereza increíble. Como había sido, antes, en un contexto mucho menos terrible, en el 55, 56, 57. Alicia fue “trasladada”, es decir: arrojada viva el Río de la Plata o al mar, muy probablemente en abril del 77, en uno de los “vuelos de la muerte”.
Su hijo me dijo alguna vez que nunca entendió muy bien la actitud de su madre al final. De hecho, insiste ver en su madre una especie de tendencia a la inmolación. Lo mismo que muchas y muchos autores plantean respecto del Che. O sea, esa cosa sacrificial. No estoy tan seguro de que sea eso. Creo que Alicia entendía que tenía que padecer lo mismo que sus hijos y sus hijas. Porque eso exigía su forma de construir filiación, una filiación que siempre era política. Un modo también guevarista, sin dudas. Ella había contribuido a la formación de toda esa generación. ¿Por qué no iba a correr la misma suerte? Se sentía responsable por todas ellas y todos ellos. Por eso, creo, no se quería ir. No se quiso inmolar. No podía irse. Había ahí un imperativo. De hecho, según la definición de hijo: “mamá era el imperativo categórico”. Para Alicia no había posiciones intermedias. Para ella una posición intermedia era la antesala a la traición.
Esa es, muy sintetizada, la historia de Alicia. Hay muchísimas cosas que pasé por alto porque el tiempo que tenemos es acotado. De hecho, hablé poco y nada de su poesía. Alicia siempre fue poeta. Alicia escribe el grueso de su poesía en los años 40. En un primer momento, está muy influenciada por la mística española y se nota mucho la influencia del San Juan de la Cruz, de Santa Teresa, de la escuela ascética carmelita. Esa es la influencia inicial. Después va cambiando. El primer libro es El canto de la tierra inicial (1949), le sigue Dios y el mundo (1950). El tema religioso está muy presente en estas obras. Tal vez, todavía se hacía sentir la influencia del cura Castellani. En El talud descuajado (1951) y en Aquí entre magras espigas (1952) se modifica el registro, se acerca más a los temas y estilos románticos. La influencia de Rainer María Rilke se hace notoria, pero también la de César Vallejo, la de Neruda. Se nota que Alicia leía a Freidrich Nietzsche y, de hecho, lo cita en un par de oportunidades. Después, la producción poética merma. Las composiciones de los 60 y los 70, que no faltan, son más espaciadas. Están estos Poemas a Salvador, los poemas de amor a Allende. Está poema al Che que mencionábamos y que muy bello. Está el poema El militante dedicado a Francisco Paco Urondo. Esas composiciones, más ocasionales, están a tono con la poesía de esos años: son coloquiales. Alicia escribe poca poesía en esas décadas. Ahora, cuando digo que Alicia, antes que nada, fue poeta, lo que quiero decir es que su predisposición siempre fue poética. Entendió y encaró la política con espíritu poético. No tuvo un espíritu ni burocrático ni administrativo, ni tuvo otros tipos de acercamientos a la política. Militó poéticamente.
Ahora charlemos un poco….
Participante 1: Por ahí en esta última parte que planteabas o evaluabas si había sido un error o una ingenuidad la actitud de Alicia de no irse del país. Tal vez para la mayoría de nosotros, que no hemos vivido la experiencia, o no sabemos si estaríamos dispuestos a tales cosas, aún en los tiempos en los que nos toca existir, por ahí son, más que errores o ingenuidades, tal vez son experiencias. Vos nombrabas al Che, a veces se piensa la cantidad de errores que cometió en su última etapa. Él, seguramente, se hubiese salvado si no hubiese sido tan “descuidado” en ciertos aspectos. Uno, viéndolo ahora desde el punto de vista militar, incluso histórico-político, podría pensar qué torpeza, qué tontería, qué ingenuidad, porque hoy tal vez tendríamos a Alicia y al Che. Eso yo lo he escuchado mucho, pero es interesante pensar esa coherencia, esa rebeldía.
Miguel Mazzeo: Sí, estoy totalmente de acuerdo con eso. Pero hay algo más. Percibo otra cosa en Alicia. Considero que Alicia estaba demasiado imbricada en un proceso histórico colectivo y, de pronto, ella percibe que ese proceso queda trunco. Tiene una vivencia escalofriante de la derrota. Ella ve que, con la dictadura, su país, el país de Alicia, se terminaba. Alicia nace en el 25 y desaparece en el 77. Si te ponés a hacer un análisis histórico, te das cuenta que, justamente en esos años ocurre un país, acontece un país. El país del modelo de industrialización por sustitución de importaciones; el país del Estado intervencionista, del pleno empleo y del fifty-fifity; el país de las potentes identidades colectivas, de las grandes organizaciones y de la movilización de masas. Aunque hubo idas y vueltas, ese país se mantuvo todo ese tiempo y generó una clase obrera políticamente radicalizada y unos sectores medios que también estaban políticamente radicalizados, sobre todo hacia el final. Alicia empieza a percibir que, con la dictadura, ese país se acababa. En sentido estricto, Alicia no tenía a dónde ir. En un sentido muy profundo quiero decir. En un sentido físico-geográfico sí, se tomaba un avión y aparecía en Cuba, podía contribuir a ese proceso u a otro similar. Estamos de acuerdo. Ahora, insisto, en un sentido muy recóndito, Alicia no tenía a dónde ir. Si estoy tan imbricado en un proceso histórico, y ese proceso se corta abruptamente, pierdo el sentido. ¿Cómo iba reconstruir Alicia el sentido después de la derrota? Creo que lo mismo le pasó a otras y otros militantes. Julio Troxler tiene un comportamiento similar al de Alicia. Troxler es uno de los sobrevivientes de los fusilamientos del 56 y estaba en la mira de la Triple A desde el día número uno. Todo el mundo le decía: —“Julio, no salgas solo a la calle. No vayas a tal lugar, a tal otro. Tenés que salír del país”. Pero no. Y lo terminan acribillando a balazos en Barracas.
Participante 2: Sí, Haroldo Conti no acepta que lo ayuden. Existe la historia de que estaba en su despacho escrito en latín “este es mi lugar de combate y de aquí no me moverán”. También tiene que ver con una formación religiosa y un mandato.
Miguel Mazzeo:: Sí, algo que también está presente en Alicia.
Participante 2: También hubo un gran debate respecto del exilio, ¿no es cierto? Dentro de la izquierda hubo quienes criticaron la lógica del exilio y que elegían permanecer en el propio lugar. Después hay tantos que no pudieron exiliarse. Pero hubo muchos que pudieron exiliarse y conformaron redes de denuncia de las violaciones de derechos humanos. Me estoy acordando ahora de la crítica que le hacían a Julio Cortázar, incluso desde el nacionalismo o el maoísmo cuando donaba el dinero el Libro de Manuel (1973) a la resistencia chilena y le decían vos apoyás la lucha revolucionaria, pero estás en París. Pero el que tiene una mirada lúcida respecto de la importancia que tiene que tipos como Julio estén lejos y puedan hacer un activismo denunciando la violación de derechos humanos es Haroldo Conti. Tenía una visión muy anticipada de cómo sobrevendría el genocidio tempranamente, porque él era antiperonista. Estuvo fuera del peronismo. Me estoy acordando de esto porque fue todo un debate también el tema de quedarse o irse.
Miguel Mazzeo: Alicia sabía que estaba en la mira de los marinos desde hacía mucho tiempo y no tenía ninguna chance de sobrevivir. Era de las personas más buscadas. Seguramente, de haber sobrevivido hubiese aportado desde otro lugar, como lo hicieron otros y otras militantes populares en esos años. Pero evidentemente para Alicia era muy difícil pensar en otro lugar. Reitero, no otro lugar físico-geográfico, si no otro lugar sociopolítico y existencial.
Participante 3: No tengo nada para aportar, pero lo que quería era agradecerte porque me resultó muy interesante. Disfruté mucho la charla y me resultó apasionante. Yo había escuchado de Alicia Eguren como la compañera de John William Cooke. Después, hace unos años leí el libro de María Seoane. Lo tenía un poco olvidado, y tal vez porque este es más exhaustivo, me parece mucho más completa la forma en que vos relataste todo. Me pareció también muy eficaz tu forma de relatarlo y de generarme ese interés. Así que te quería agradecer. También me pareció, como lo mencionaste vos mismo, que es muy injusto que la figura de Alicia haya sido tan invisibilizada, o secundarizada, no sé cómo decirlo. Porque sin duda su personalidad apasionante y su vida merecían ser rescatadas antes también. Las razones que vos expusiste me parecen entendibles para la época y por todo un montón de cosas, pero sí injusto. Bueno, bienvenido tu libro.
Miguel Mazzeo: Una cosa que yo no mencioné y que es muy importante es la cuestión del feminismo de Alicia. ¿Fue Alicia una protofeminista, una impulsora del feminismo? Uno puede decir, primero que Alicia fue una feminista práctica. Por ser mujer y militante en esos años y en esas organizaciones, por el protagonismo que tuvo, debió de ejercer alguna forma de feminismo, para sobrevivir en medios tan machistas y para desbrozarle un poco el camino a las compañeras más jóvenes. Hasta ahí todo bien. Uno puede constatar todo eso. Pero si ahondamos un poco, aparecen datos que nos muestran que Alicia no era sólo una feminista práctica, sino que era más que eso. Alicia en el 74 formó parte de un grupo, una especie de gineceo virtuoso en el que participaban Graciela Scolamieri, una médica obstetra, Otilia Vainstok, una científica y después especialista en epidemiología y en ética de la ciencia y la escritora, más conocida, Tununa Mercado. Las cuatro se reunían en un departamento de Belgrano y leían textos del feminismo norteamericano. De hecho, Otilia Vainstok, es la que traduce y edita un libro para el Centro Editor de América Latina (CEAL) con trabajos de varias autoras norteamericanas, algunas vinculadas al Black Power. Era el feminismo teóricamente más avanzado de la época, más radical, más comprometido con las corrientes revolucionarias. Y ese es uno de los primeros grupos que pone el tema del aborto en la agenda política, ¡en el año 74! Y ahí estaba Alicia. Y después en las agendas de Alicia, a las tuve acceso, se nota el vínculo con tres feministas muy importantes de la época: la alemana Sybile Plogstedt, la francesa Évelyne Pisier y la belga Émilienne Brunfaut; la primera de ellas, incluso, editora de una revista feminista muy importante.
Y otra cuestión que quiero resaltar, aunque no pude precisar el año porque no hay pasaportes de Alicia, no quedó ninguno, entonces uno no puede ver con los matasellos cuando entró y cuando salió de cada país. El hijo tampoco puede precisar la fecha, pero tuvo que haber sido año 63 o 64 que Alicia viajó a Argelia, ya con Houari Boumédiène, no con Ahmed Bem Bella. Cuando llega se encuentra con un grupo de mujeres argelinas, que habían tenido una destacada actuación en la guerra de liberación, sobre todo en las ciudades, en Argel, por ejemplo. En el esquema de la lucha de liberación argelina, las mujeres tuvieron un rol protagónico. Muchas accedieron a cargos importantes, se convirtieron en comandantes. ¿Qué pasó después? El régimen de Bem Bella fue progresista. En la Argelia liberada, las mujeres conservaron las posiciones conquistadas en la guerra de liberación. Con Boumédiène, hay un retroceso en varios órdenes. Incluso se vuelve a cierto islamismo tradicionalista; por ejemplo, se vuelve a la poligamia. En fin, a esas mujeres las desplazan y las quieren reubicar en posiciones subordinadas. Ni bien llega Alicia, que hablaba francés perfectamente, estas mujeres prácticamente se le cuelgan y a los gritos le cuentan lo que está pasando en Argelia. Su hijo Pedro, me dijo: —“mamá vino de Argelia asqueada porque vio un proceso de liberación que no liberaba”.
De todos modos, considero que, conociendo al personaje, Alicia hubiera rechazado la etiqueta de feminista, no se hubiese puesto esa camiseta. Hoy seguramente sí, sin lugar a dudas. Pero en esa época, yo no sé si Alicia se hubiese asumido como feminista. Insisto, sin dudas lo fue. Vimos que no sólo fue feminista en el orden práctico, sino que también en el orden teórico. Y se vinculó al feminismo más avanzado de la época. Pero para ella las grandes contradicciones eran nacionales y de clase. Su eje político era anticolonialista, antiimperialista y anticapitalista. Nunca elaboró un planteo antipatriarcal explícito. Pero sin duda Alicia tenía una preocupación por esa cuestión, por esa dimensión. Y actuaba en consecuencia.
Entrevisté a Tununa, y a través de su relato pude reconstruir parte de esta faceta de Alicia. Realicé la reconstrucción histórica en base a testimonios de compañeros y compañeras de Alicia; de familiares, el hijo, el sobrino; después, obviamente, están los documentos, los materiales. Hay que destacar el aporte de María Seoane. Su libro me pareció muy bueno.
Participante 2: ¿Te gustó el libro?
Miguel Mazzeo: Sí, claro. Cuando ella escribió ese libro no estaba disponible el archivo del fondo Cooke-Eguren. Ella si obtuvo muy buenos testimonios, además de escribir muy bien y de plantear muy buenas hipótesis. Yo tuve la ventaja del archivo, pude acceder a otros testimonios y tuve la ventaja de la cercanía de la “comunidad de Alicia”. Ahora, además, como contaba antes, contamos con casi todos los documentos publicados por Colihue: los Escritos de Alicia.
Participante 4: Y también Colihue publicó la obra de Cooke.
Miguel Mazzeo: Si, Colihue publicó las Obras Completas de Cooke. Me parece perfecto que publique también los Escritos de Alicia, compuestos en buena medida por su correspondencia. Son muchas cartas. Pensemos que la correspondencia con John, de prisión a prisión, era casi diaria, en la plenitud del romance y la conspiración. La relación entre ella y él, si bien había arrancado antes, se construye de modo carcelario. Insisto con lo señalaba antes: son cartas de amor y política, de política y amor. Se hace difícil determinar dónde concluye el amor y dónde comienza la política, donde concluye la política y comienza el amor. Alicia tenía un gesto delicado que ordena un poco: las cartas de amor (o las cartas en las que predomina un registro amoroso) las escribía a mano, y las otras a máquina. Comenté también que, desde el punto de vista literario, son cartas bellísimas. Histórica y políticamente son muy importantes, claro. Pero desde el punto de vista estético, no tienen desperdicio. Alicia y John apelan a los más variados recursos, citan autores. En mi libro hay algunos fragmentos de esas cartas, y están todas en los Escritos.
Además de toda la correspondencia, también figuran allí otros textos importantes de Alicia. Por ejemplo, una ponencia sobre Alberdi y los intelectuales. Ya les hablé de las cartas a su hijo, cuando es un niño de 10, 11, 12 años y ella está en Cuba, que son muy interesantes para trabajar no solamente sobre temas de historia y política argentina, sino también para las cuestiones vinculadas a género y maternidades. Después hay otros textos, hay crítica teatral. Lo que publicó en Sexto Continente también. Lo que publicó en la revista Cultura, que era la otra revista importante del peronismo en esa época, auspiciada por el gobierno de la provincia de Buenos Aires, por el Ministro de cultura del gobierno de la provincia, Julio César Avanza, un tipo vinculado al FORJA. Las dos revistas salían a la par, Cultura y Sexto Continente. Y las dos dejaron de salir, un poco por el tema de la falta de papel, pero el tema de fondo se relacionaba con cuestiones políticas e ideológicas. Cuando asumió el filo-fascista Oscar Ivanissevich como ministro de Educación a nivel Nacional, se produjo un cambio en la orientación del peronismo en el plano de la política cultural. Avanza y el grupo forjista fueron desplazados. De esta manera, se pasó del auspicio y el fomento a la cultura popular a algo mucho más parecido al adoctrinamiento. Algo que dará mucha letra a las y los gorilas.
Participante 2: ¿Quién era el gobernador?
Miguel Mazzeo: Domingo Mercante
Participante 2: Que después lo borró el propio peronismo.
Miguel Mazzeo: Exactamente. Pero, en fin, Cultura daba lugar a autores y autoras de la época que eran excelentes. Poesía, ensayo, narrativa. Era una revista muy interesante. Alicia publicó en Cultura alguna crítica teatral. John también publicó en Cultura.
Participante 4: Quería pedirte una opinión, capaz que da para un rato, pero me quedé con la idea que decías que por ahí Alicia veía que su país se estaba terminando. ¿Pensás que el peronismo de Alicia, o las características que tenía el peronismo de Alicia, son posibles en el presente? ¿Y qué recepción tienen las ideas de Alicia o de Cooke en el peronismo actual que se asume como de izquierda o popular?
Miguel Mazzeo: Esto lo planteaba un poco al principio. Uno, en una primera instancia, percibe que Alicia es una figura inasimilable, tanto para la izquierda más clásica, más tradicional, como para el peronismo. Yo sé que hay sectores del peronismo que se identifican con la figura de Alicia. El tema es, ¿en que praxis política se traduce esa identificación?, ¿por dónde pasan las acciones consecuentes con esa figura histórica? El gran problema de cómo estar a la altura de la figura con la que te identificás. Es cierto, estos tiempos son bien distintos. No podemos plantearnos el programa político de Alicia hoy, no literalmente. Si, me parece, que por lo menos se debería asumir –digo, para ser consecuentes con Alicia– una línea un poco más radical que la que predomina en el peronismo actual.
Si bien existen sectores del peronismo que hoy reivindican la figura de Alicia y la del Bebe, que sostienen una discursividad más crítica; después, a la hora de la política concreta, vemos que suelen participar de armados políticos demasiado amplios e ideológicamente ambiguos. No está mal la amplitud, pero creo que sí está mal la amplitud que inhibe la posibilidad de desarrollar un proyecto de transformación.
Porque Alicia debería estar siempre asociada a una política radicalmente transformadora, con un horizonte anticapitalista. Alicia reivindicaba la liberación nacional y el socialismo. Habría que ver en que consiste eso hoy, pero seguro que carga con un horizonte anticolonial, anticapitalista y antipatriarcal. De todos modos, nadie tiene el derecho de determinar a quién le corresponde apropiarse de una figura y a quién no. Y tampoco podría hacerlo.
Alguna vez, en una charla sobre Cooke y sobre Peronismo y Revolución, compañeras y compañeros que militaban en agrupaciones “progresistas” del peronismo, me señalaron que no estaban de acuerdo con la visión del peronismo de Cooke (y con la mía). Les señalé, con humildad, que tal vez debían considerar seriamente si Cooke era una figura que podían y querían incorporar a su panteón. Les recomendé la figura de Arturo Jauretche, menos compleja, simpática, políticamente costumbrista, gauchipolítica, desarrollista. Cooke es demasiado radical y dialéctico: es revolucionario y anticapitalista, marxista y socialista. Señala las contradicciones trágicas del peronismo.
Y Alicia puede parecer más radical todavía. Al final de su actuación, el universo político de Alicia está más cerca del PRT-ERP que de Montoneros. Las cosas que Alicia decía de Perón eran durísimas. Reconocía la talla histórica de un tipo como Perón. Y conocía muy bien al peronismo. Ella, que era peronista desde antes del peronismo. Ese era el otro problema con Alicia. La detestaban en el peronismo, porque además nadie le podía decir que era una infiltrada. ¿Cómo le vas a decir infiltrada a Alicia Eguren? La presa más larga de la Revolución Libertadora, la que inventó la flor de no me olvides como símbolo de la resistencia peronista, a Alicia de la Patria ¿Cómo le vas a decir infiltrada? Imposible.
Pero también había sectores del peronismo que hacían posible una figura como Alicia. Sectores que planteaban una “alternativa independiente” (de Perón, de la burguesía, de la burocracia), que reivindicaban la identidad peronista de la clase trabajadora pero que se situaban más allá de las estructuras políticas y sindicales del peronismo. En los tiempos Alicia y John había varios grupos que asumían la identidad peronista en clave revolucionaria, socialista y anticapitalista. Eso hoy ya no pasa. Ni de cerca. Ni parecido. ¿En el futuro? Veremos…
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Bibliografía referida
Mazzeo, Miguel. Alicia en el País. Apuntes sobre Alicia Eguren y su tiempo, Buenos Aires, Colihue, 2022.
Hernández Arregui, Juan José, La formación de la conciencia nacional, Buenos Aires, Plus Ultra, 1973.
Seoane, María. Bravas. Alicia Eguren de Cooke y Susana Pirí Lugones. Dos mujeres para una pasión argentina. Buenos Aires, Sudamericana, 2014.
Eguren, Alicia, Escritos, Buenos Aires, Colihue, 2023. Introducción, selección y notas: Santiago Allende, Nicolás del Zotto y Emiliano Ruiz Díaz.
Perón, Juan Domingo, La fuerza es el derecho de las bestias, Buenos Aires, El Minorista, 1956.
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Miguel Mazzeo
Miguel Mazzeo nació y vive en Lanús Oeste, provincia de Buenos Aires, Argentina. Es Profesor de Historia (Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires) y Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires. Es docente e investigador en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y en la Universidad de Lanús (UNLa) e investigador del Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe (IEALC), en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. También ejerce como docente en espacios de formación (escuelas, cursos y seminarios) de distintas organizaciones populares y movimientos sociales de Argentina y Nuestra América. Ha participado, como expositor y coordinador, en diversas Cátedras Libres en Buenos Aires y en el interior del país.
Obra:
- Piqueteros. Notas para una tipología, publicado por Manuel Suárez Editor (Buenos Aires) en 2003 y por la Editorial Quadratta y el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas con el título: Piqueter@s. Breve historia de un movimiento popular argentino (Buenos Aires) en 2014.
- ¿Qué (no) Hacer? Apuntes para una crítica de los regímenes emancipatorios, publicado por la editorial Antropogafia (Buenos Aires) en 2005, por Anarres (Buenos Aires) en 2011 y por Quimantú (Santiago de Chile) en 2015.
- El Sueño de Una cosa. Introducción al poder popular, publicado por la editorial El Colectivo (Buenos Aires), por la Fundación Editorial El perro y la rana (Caracas) en 2007 y por Tiempo Robado Editoras (Santiago de Chile) en 2014 con el título Introducción al poder popular.
- El sueño de una cosa (edición corregida y aumentada).
- Invitación al descubrimiento, José Carlos Mariátegui y el Socialismo de Nuestra América, publicado por El Colectivo (Buenos Aires) y por Minerva (Lima) en 2008.
- Poder popular y nación. Notas sobre el Bicentenario de la Revolución de Mayo, publicado por El Colectivo/Ediciones Herramienta (Buenos Aires) en 2011.
- Conjurar a Babel, Notas para una caracterización de la nueva generación intelectual argentina, publicado por El Colectivo/Dialektik (Buenos Aires) en 2012.
- El socialismo enraizado. José Carlos Mariátegui: vigencia de su concepto de “Socialismo práctico”, publicado por Fondo de Cultura Económica (Lima) en 2013.
- Entre la reivención de la política y el fetichismo del poder. Cavilaciones sobre la izquierda independiente argentina, publicado por Puño y Letra (Rosario), 2014.
- El hereje. Apuntes sobre John William Cooke, Buenos Aires, Al Fondo a la Derecha Ediciones, 2022.
Por su libro José Carlos Mariátegui y el socialismo de Nuestra América, publicado por Fondo Editorial William Lara (Caracas) en 2014, obtuvo la Mención Honorífica del Premio Libertador al Pensamiento Crítico.
Fue uno de los fundadores, en el año 1991, de la Agrupación Universitaria José Carlos Mariátegui (La Mariátegui) y de la Corriente Estudiantil de Unidad Popular (CEUP), ambas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Asimismo, participó en la organización del Encuentro de Organizaciones Sociales (EOS) desde 1997, de la Coordinadora de Organizaciones Populares Autónomas (COPA) desde 2001 y de la Coordinadora de Organizaciones de Movimientos Populares Autónomos (COMPA), desde 2010. A fines de los 90 se vinculó a los Movimientos de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón del sur del Gran Buenos Aires donde desarrolló tareas de formación, entre otras. Fue militante del Frente Popular Darío Santillán (Argentina) desde su fundación en 2004 hasta 2013.
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